Un espacio no es un lugar


Un espacio no es un lugar

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  • La diferencia entre espacio y lugar
  • El rol del ciudadano
  • Experiencia en la ciudad de Rosario

Por Gigi Levit

La oficina era un lugar muy frío. Hace poco agarramos un rincón vacío y pusimos unos silloncitos con una mesa. Y de repente estaba toda la oficina acomodando, pensando cosas nuevas. Siempre fue una oficina en la que te querías ir corriendo apenas terminaba el trabajo. Y, de un día para el otro, cambió. Ver a la gente involucrada me hizo dar cuenta que simplemente hacía falta un fósforo para encender la llama”.

¿Alguna vez te ocurrió algo similar? ¿Un espacio que no tenía sentido y que de repente cobra vida? ¿Y en la calle, en las ciudades, cuántos espacios así conocés?

El arte de hacer lugares

Cuando diseñas una casa, las personas que la habitan son las encargadas de convertirla en hogar. Cuando haces lugares compartidos por muchas personas pero nadie se lo apropia, se corre el riesgo de que quede como un espacio más, vacío de contenido. El placemaking es el arte de hacer espacios con sentido de pertenencia, es decir, lugares.

Del inglés “place”, diferente a “space” (espacio), placemaking significa construir lugares y es un concepto paraguas que engloba enfoques multifacéticos de hacer y entender la ciudad. Comprende que los espacios compartidos deben incluir los deseos, los gustos, las necesidades y la máxima participación posible de las personas para su realización ya que son quienes van a usarlo finalmente y deben sentirse a gusto allí.

Este enfoque se asemeja a las nuevas formas del pensamiento de diseño global ya que pone en el centro a las personas. Esto interpela las formas clásicas de intervenir la ciudad como urbanistas, técnicos, políticos y tomadores de decisiones, sin embargo resuelve de mejor manera los problemas colectivos ya que incluye la mirada de todos los sectores y actores involucrados, reduciendo intereses o sesgos parciales. Además genera mejor repercusión de las obras públicas y privadas, mayor compromiso ciudadano y mayor sentido de responsabilidad del espacio común, fortalece el vínculo social, lo que permite mayor grado de resiliencia ciudadana y estatal para enfrentar nuevos desafíos.

La ciudad no es una maqueta

Un proyecto de arquitectura puede ser exitoso desde su primera publicación en una revista. En cambio, una ciudad de maqueta no podemos afirmar que sea un éxito, muchas maquetas vistosas terminaron siendo las ciudades más aburridas, ineficientes o muy poco agradables para sus ciudadanos. La complejidad del habitar colectivo debe ser puesta sobre la mesa, lo urbano debe entender la interrelación directa y dialéctica que hay entre el tejido físico y el tejido social. Para lograr esta articulación el Placemaking busca la motivación y el acompañamiento ciudadano en la construcción de soluciones creativas, y a la vez demanda competitividad, efectividad y eficacia. Se nutre de metodologías ágiles y de mecanismos del urbanismo táctico, de la facilitación cívica, del arte, de la cultura, de la arquitectura, de la experiencia del usuario (UX) y de todas las áreas del diseño y la creatividad.

Experiencia local e internacional

“No estar en, sino ser el movimiento” dice Drexler en su canción Bailar en la Cueva. Y en 2016 quien suscribe este artículo, tuvo la imperiosa necesidad de pasar de la teoría a la acción y formar parte del movimiento internacional de placemakers. La asociación Gregaria se convirtió así en una organización dentro de una red de placemaking del mundo. Esta red, principalmente extendida en Europa, Latinoamérica, EEUU y Japón, crea y participa de congresos internacionales, publicaciones, intervenciones y proyectos conjuntos en todas partes del mundo. Entre sus principales promotores se encuentra la organización norteamericana Project for Public Spaces, organismos como ONU Habitat y el Banco Interamericano de Desarrollo, así como fundación Avina y otras tantas más.

En la ciudad de Rosario, Gregaria desarrolla estrategias participativas para la realización de intervenciones urbanas. En 2017 comenzó a utilizar la caminata como metodología de aprendizaje entre pares. Caminar dispara nuestros pensamientos, y caminar colectivamente, entre desconocidos, con una temática y un desafío por delante, hace que la creatividad y fraternidad florezca. Así fue que a partir de esta propuesta un grupo de caminantes se transformó en un Think Tank momentáneo de la ciudad. Entre los participantes se proponían ideas y desafíos para mejorar los problemas y necesidades comunes, para crear proyectos que les fueran deseables de ver y de usar en la ciudad. Luego este grupo puso manos a la obra y construyeron lo que denominaron Living Urbano. 

¿Cuál es la moraleja del asunto? 

Cuando se involucra a la ciudadanía en procesos participativos, motivadores y creativos, las personas ofrecen ideas participativas, motivadoras y creativas. El Living Urbano surge de la necesidad de estos caminantes de tener un lugar de reunión en la ciudad, para poder encontrarse con amigos, con conocidos y con desconocidos. Algo más que un banco solitario, que solo propone el descanso y la contemplación. Un Living de todos, donde poder sentarte, descansar, charlar, compartir un momento sin estar obligado a consumir. A partir de esta intervención, muchas desarrolladoras y constructoras tomaron la apuesta, y al diseñar bancos, hicieron algunos sectores de bancos enfrentados, para poder desarrollar una de las actividades más humanas de todas: charlar.

En definitiva, los procesos liderados por ciudadanos desarrollan la voluntad, la pertenencia y la apropiación colectiva por la ciudad. Pero lo más importante de todo, nos permiten convertirnos por un momento, en los verdaderos protagonistas de nuestra gran casa común, la ciudad.

Es tiempo de compartir!

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