«Le damos forma a esa ciudad a través de nuestro comportamiento»

 

Ciudades felices

«Le damos forma a esa ciudad a través de nuestro comportamiento»

Leer este artículo te llevará aproximadamente 4 minutos

  • Realidad vs. Maqueta
  • Ciudades felices
  • Diseño urbano

Del episodio Ciudades Felices

Mario Raimondi es uno de los fundadores de “El desafío”, un equipo que trabaja, desde Rosario, en el desarrollo juvenil y en la construcción de ciudades que sean felices e inclusivas. Fue partícipe de la primera temporada de nuestro podcast, donde nos contó sus ideas y actividades en torno al mejoramiento de las grandes urbes y la importancia de generar entornos favorables para el pleno desarrollo de los ciudadanos.

Urban Future

— ¿Podés desarrollar el concepto de “ciudades felices”? ¿Cuándo una ciudad es feliz? 

— La idea de ciudades felices no es creer que tenemos que estar todos saltando en una pata todos los días y buscando una felicidad que sea totalmente estereotipada. Sino que cada uno de nosotros vive las ciudades de distintas maneras y nos hacen felices distintas cosas. Entonces, para crear una ciudad que, realmente, sea feliz para todos sus habitantes necesitamos que sea inclusiva, accesible y que invite a las personas a socializar, a recuperar la amabilidad, a recuperar el sentido humano y social que tienen las ciudades. 

— ¿Cómo se piensan los diseños de las ciudades? ¿Quiénes diseñan las ciudades? 

— Históricamente, las ciudades han sido diseñadas por arquitectos, ingenieros o por los que llamamos urbanistas. El diseño urbano, en los últimos cincuenta o sesenta años, cambió radicalmente ante la irrupción de la industria automotriz. Antes, uno veía fotos de las ciudades y veía que las calles estaban llenas de vida, veía que todo se mezclaba. Podía pasar un carro, una persona caminando. Se comerciaba, se hacían ferias: estaba todo muy mezclado en ese espacio público. Y, a partir de la llegada del auto privado, las ciudades empezaron a diseñarse pensando en este como un modelo de movilidad. Esto les quitó a las personas espacio público de calidad. Entonces, las ciudades deberían estar pensadas para todas las personas, no solo para los que tienen un auto propio sino para las personas más vulnerables, las personas más jóvenes y las más grandes de la población. De esa manera podemos hacer ciudades que sean inclusivas y amables para toda la población. 

— ¿Podés desarrollar el concepto de “ciudad maqueteada vs ciudad real”? 

— Hay una tendencia actual de hablar mucho de las ciudades inteligentes. Creo que lo de las ciudades inteligentes es muy parecido a lo que pasó con esas maquetas de metrópolis que veíamos o lo que pasa con esas ciudades hechas de cero en Abu Dhabi o en otros lugares del mundo, donde no hay gente, no se ve a las personas en ese diseño. Entonces, nos hemos olvidado que las ciudades son espacios primariamente sociales. Es en el espacio público donde hacemos nuestras primeras amistades, donde nos desarrollamos, crecemos, conocemos a nuestros amores, nuestras parejas; donde conectamos con el vecino y desarrollamos comunidad. Y esto es sumamente importante para el desarrollo de una persona: las redes de contención, que son, al fin y al cabo, conexiones humanas. Entonces, muchas de esas maquetas divinas que vemos hechas se olvidan de que estamos diseñando para las personas. Por eso, deberíamos poner en ese diseño, todos juntos, en el centro a las personas. 

— ¿Cómo pueden participar las personas en este diseño de ciudades? 

— Hay distintas instancias de participación ciudadana. Yo creo que lo primero es vernos todos nosotros como creadores de ciudades. Es, también, a través de nuestros comportamientos, hábitos y actitudes que nosotros le damos forma a esa ciudad. En Rosario, por ejemplo, uno puede experimentar muchas cosas distintas en la ciudad, dependiendo de lo que hagan los conciudadanos. En la esquina de Laprida y Mendoza hay un puesto de diarios donde el diariero toca el bandoneón todas las mañanas. Y nada más con esa experiencia de estar escuchando un bandoneón en vez de estar oyendo el ruido de una máquina o de un colectivo que pasa, esa percepción ya cambia cómo cada uno de nosotros vivimos y disfrutamos la ciudad. Entonces, creo que es entender que nosotros como ciudadanos sabemos lo que nos gusta y lo que no nos gusta de la ciudad y deberíamos involucrarnos en distintos espacios de diseño de esa ciudad. 

— ¿Existen espacios de mapeo de ciudades felices? 

— Sí. Las experiencias, alrededor del mundo, de diseño de las ciudades en favor de las personas tienen muchísimos puntos a su favor y grandes beneficios. Hoy sabemos que pensar las ciudades con las personas en el centro de la escena no solo colabora con la convivencia y en cómo vivimos la ciudad sino que tiene impactos en el desarrollo económico, en los negocios locales, en la seguridad, en la salud mental, en la salud física. Y, alrededor del mundo, todas estas transiciones que se fueron dando, han sido, en la mayoría de los casos, tensionantes. Porque los seres humanos estamos siempre reacios al cambio. Entonces, lo que se hace es pensar de qué manera podemos pergeñar esos cambios y atravesar esas transiciones. Y una de las cosas más útiles para eso son los experimentos urbanos que también se pueden llamar: urbanismo táctico o placemaking. Básicamente es traer una pequeña porción de ese futuro, de esa visión de cómo puede ser la ciudad en un espacio y un tiempo determinado. Entonces, por ejemplo, cerrar una calle por cuatro u ocho horas y dejarla de libre circulación para las personas. Y, en base a esa experiencia, tomar decisiones. Eso lo puede hacer cualquier vecino en cualquier ciudad del mundo.  Puede pedir a la municipalidad, con otros vecinos, el cierre de  una calle por una tarde para poner una feria o para que jueguen los chicos y ver cómo funciona. Y, basándonos en esa prueba, poder proponer políticas públicas que sean sostenidas en el tiempo.  Entonces, todos podemos crear esa otra ciudad, se arranca por tener la visión de cómo puede ser esa otra realidad. y si no la tenemos, experimentemos en pequeña escala y veamos qué pasa. 

— ¿Qué es el festival de Ciudades Felices? 

— Con la fundación hacemos, hace varios años, el festival de ciudades felices. En donde abrimos la conversación a todos los que seamos creadores de ciudades, todos los que estamos pensando en cómo mejorar la ciudad, en cierta forma, somos urbanistas. En el festival tomamos a las ciudades como catalizadoras de desarrollo humano, social y económico, y abre la charla para todo el mundo. Entonces, la idea es pensar, en estos momentos de incertidumbres, de cambios acelerados, es cuando más diversidad de miradas y de experiencias de formación necesitamos. Para poder estar preparados para ese futuro que ni siquiera sabemos cuál va a ser. 

— ¿Qué desafíos quedan por delante? 

— El desafío es altísimo. Es en los lugares con más desigualdad social e inequidad donde necesitamos trabajar aún más en la creación de esas ciudades, pensando en esas comunidades. Cualquier joven menor de dieciocho años, las únicas formas que tiene de movilizarse de manera autónoma son: caminando, en bicicleta o utilizando el transporte público. Si yo pienso que más de la mitad de esos jóvenes, en Argentina, viven en situación de pobreza y no tienen acceso a pagar un transporte público, les dejo dos opciones: caminar y andar en bicicleta. Y, sin embargo, las ciudades no están pensadas en el peatón o en el ciclista. Entonces, porque tenemos esas desigualdades y urgencias económicas, de dignidad humana, debemos trabajar en ciudades inclusivas e igualitarias para todos.

Es tiempo de compartir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll Up