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«La violencia no está pensada en términos urbanos todavía»

 

 

«La violencia no está pensada en términos urbanos todavía»

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Del episodio Género y movilidad urbana

Ingrid Beck (1969) es escritora, periodista y activista femenina. En 2003 fundó, junto a dos colegas, Revista Barcelona, de la cual es editora hasta la actualidad. Militante feminista de larga data, en 2015 fue una de las organizadoras de la masiva convocatoria #NiUnaMenos. Con una mirada aguda y mordaz, sin despojarse de la característica ironía que se refleja en sus publicaciones, Beck dialogó con Circulantes sobre cómo es ser circulante siendo mujer, los prejuicios a los que debe enfrentarse día a día por el solo hecho de serlo y los temas aún pendientes en materia de urbanismo y género. 

— ¿Cómo sos como circulante? 

— Habitualmente, me muevo en auto. Pero aprendí a manejar hace, relativamente, pocos años (seis o siete). Y no puedo creer que me demoré tanto en sentirme tan bien arriba de un auto. En tiempos de “normalidad” viajo en subte, la cual es una experiencia por la que nadie debería pasar, salvo los enemigos. 

— Decís que hace poco obtuviste tu carnet de conducir y manejás auto. Saber conducir es una herramienta de autonomía y libertad. ¿Por qué creés que tardaste tanto en obtenerla? 

— No lo tengo muy claro. Cuando reviso mi historia personal, no lo veo como un problema de falta de autonomía. No era miedo sino prefería que maneje mi pareja u otra persona. Simplemente, no sentía interés en eso. No lo veía como algo necesario. A partir del nacimiento de mi segundo hijo, ya se me empezó a hacer un poco cuesta arriba esto de trasladarme. Por ejemplo: en un taxi, con dos chicos, cochecito, bolso, etc., y empecé a pensar que, tal vez, fuera necesario aprender a manejar. Así que fui, aprendí y empecé a manejar. Y, la verdad que sí, es una herramienta de autonomía, es un espacio personal parecido, te diría, a la ducha, para mí. Es un momento de pensar, reflexionar cosas, inclusive de creatividad. Escucho la radio, cosa que habitualmente no hago en otros lugares. Y, además, me gusta manejar. Lo disfruto. Salvo cuando manejo en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, me gusta mucho. 

—  Buenos Aires es una gran urbe. Hay que estar atenta. Sin embargo hay una gran libertad y, también, conexión con otro mundo, cuando uno va manejando. 

— Totalmente, sí. El mirar por la ventanilla, imaginarse quiénes son los de los autos que te pasan por al lado, cómo son esas personas -de acuerdo a cómo manejan, ¿no?- me gusta. Me produce satisfacción. Insisto: no cuando hay grandes embotellamientos o situaciones así. Y, además, una vez que me animé a salir por la ruta… ir por la ruta es liberador.  

— ¿Por qué creés que al hombre se le perdona socialmente una falta de tránsito pero si una mujer comete una infracción, automáticamente, hay un adjetivo descalificativo? 

— Porque se supone -de acuerdo a los estereotipos- que las mujeres no deberíamos manejar. Es una tarea adjudicada a los varones. Es como hacer el asado, te diría. Por suerte eso va cediendo. Pero a las mujeres todavía nos mandan a lavar los platos como a los científicos. Bueno, qué sé yo, no está tan mal (risas).

— En un portal web, muy interesante, de mujeres al volante, hacían referencia a esto que vos contás: “andá a lavar los platos”. Una mujer le pegó una calcomanía con esta frase, atrás del coche que maneja, cansada de recibir ese agravio en la calle. 

— Bueno, alguna vez me ha pasado. Yo trato de no pelearme con nadie porque no sabés quién es la persona con la que te estás peleando, qué niveles de violencia maneja. Pero cuando alguna vez me enojé mucho con algún señor que manejaba, lo he mandado a lavar los platos y me miró con cara de desconcierto.

—  ¿Sentís que hay políticas estatales que te resguarden de la violencia machista a la hora de circular? 

— No. No hay. Todavía no está pensada para nada la violencia en términos urbanos. No hay protección para las mujeres que circulamos en ningún transporte. Ni en colectivo, ni en subte, ni en taxi, ni en uber, ni en auto. No existe eso. Aunque hay urbanistas feministas y hay ciudades del mundo en las que se han hecho algunos avances en ese sentido. Aquí no. No hay luminarias en un montón de lugares en donde debería haber. No hay paradas seguras. No hay ninguna política que tenga que ver con el tránsito, la circulación, con el urbanismo y el género. 

— ¿Cómo ves a los movimientos feministas actuar sobre estos temas? ¿Notás cambios desde “Ni una menos” y con todos los patrones patriarcales que se están cuestionando constantemente? 

— Me parece que es muy incipiente, todavía. Nos falta. Pensá que estamos hablando, recién ahora, de compartir las tareas de cuidado. De la desigualdad que hay en ese sentido. De la cantidad de horas que trabajamos de más las mujeres en el trabajo doméstico. Así que, todavía, falta un montón. Esto no significa que no vayamos a llegar. Pero aún no está tan claramente en la agenda como debería estar el tema de la seguridad urbana pensada desde la perspectiva de género. 

— En una charla TEDx hiciste un ejercicio que consistía en pedirle a todas las mujeres que fueron tocadas contra su voluntad en el transporte público y aquellas que elegían su vestuario en función de evitar a los groseros, que levanten la mano. Lo hizo la mayoría.

— Sí, te diría que el cien por ciento o el noventa y nueve. Y de los varones ninguno. 

— Estos son dos entre tantos casos de machismo en la vía pública. ¿Qué otros creés que tenés que afrontar en el día a día transitando las calles? 

— El prejuicio de que las mujeres manejamos mal ya está instaurado, entonces los niveles de violencia que recibís de los automovilistas y de los motociclistas son superiores a los que recibe un varón cuando maneja. Porque somos vistas como personas en inferioridad de condiciones. Eso mientras manejo. En el subte tiene que ver más con la violencia en el espacio público: los manoseos, los empujones. Y en el colectivo y la calle también. Así que no hay espacio seguro para las mujeres. Me parece que eso es, un poco, lo que se trata de visibilizar hace mucho tiempo desde los feminismos y, en particular, con el “Ni una menos” como hito, las mujeres estamos juntas y nos pasan las mismas cosas y no estamos seguras en ningún lado. Esto es algo que para los varones es complicado de entender porque ellos, en general, no pasan por estas situaciones. O sea que es bastante desigual el asunto. 

—El asfalto, la calle, la parada de colectivo, el subte, como decís, siguen siendo terreno fértil para la discriminación de género en situaciones en las que la mujer está al volante en un auto particular o esperando para tomar su colectivo…

— Claro, pero pensemos, por ejemplo en las colectiveras que son muy poquitas. De hecho, hubo un fallo hace poco tiempo que permitió a una mujer ser colectivera. No le permitían manejar un colectivo. Las taxistas, las remiseras. Ellas están super expuestas a la violencia, todo el tiempo. Más que las que vamos en autos particulares. 

— Sigue causando sorpresa subirse a un taxi y que maneje una mujer. Cada vez vemos más chicas manejando camiones, autos y no sólo vehículos particulares sino transporte público y siguen declarando que tienen que estar todo el tiempo justificándose o escuchando comentarios al respecto. 

— Sí. Igual vos decís “sorpresa” y yo siento alivio cuando me subo a un vehículo y maneja una mujer. Son distintas sensaciones. Hay muchos varones que seguramente se sienten inseguros cuando maneja una mujer y yo me siento más segura. Trato, cuando puedo, de tomarme vehículos conducidos por mujeres. Me parece que eso es sororidad para las dos. 

— Y, en cuanto a números reales, según estadísticas de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, las mujeres cometen menos infracciones, tienen mayores recaudos en seguridad. Manejan mejor, en definitiva. 

— Sí. Las mujeres somos muchísimo más prudentes.

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