fbpx

La mujer que fue presa por cuidar la ciudad

 

La mujer que fue presa por cuidar la ciudad

Sebastián Garavelli

Cada vez que hablamos de movilidad sustentable, de ciudades diseñadas a escala humana, o cuando hablamos de lograr entornos más seguros y aptos, hablamos de cosas por las que Jane Jacobs (1916) peleó en la calle, en los medios y en la política. ¿Quién fue Jane Jacobs?

Para darle dimensión a la épica de Jacobs es importante dimensionar el contexto y los antagonistas. Después de la crisis del 1929 y con comienzo de la Segunda Guerra Mundial, New York logró el impulso para seguir creciendo y consolidarse en lo que ¿todavía hoy es?: la metrópolis por excelencia de occidente. La ciudad se transformaba al ritmo de dos industrias que dominaban las oficinas públicas a golpe de billete: la industria inmobiliaria y la petrolera. Eso explica como Robert Moses (1888), en su momento confundido como el Baron Haussman americano, fuese el líder urbanístico de la ciudad sin antecedente académico alguno.

La idea de Moses era dividir barrios, ensanchar avenidas hasta transformarlas en autopistas. Según esta nota, de La Tercera de Chile, Moses comparaba los barrios de inmigrantes como “cánceres a extirpar”. El punto más alto de impunidad urbanística llegó cuando se proyectó atravesar Washington Square -quizás la plaza más bonita de la ciudad-. La plaza en donde Bobby Fischer, el genio del ajedrez, dio sus primeros pasos compitiendo con adultos y deslumbrando a todo curioso del deporte, tenía destino fatal diseñado por Moses. El no-urbanista había decidido colocar allí un ingreso a una autopista aérea que conectaría diferentes puentes de la ciudad.

Ese proyecto fue el que puso a nuestra protagonista, Jane Jacobs, en el centro de la discusión. Por aquellos años, Jane se había mudado a Nueva York y trabajaba escribiendo en algunas revistas sobre urbanismo. Su posición era antagonista a la dominante de la época: ella explicaba que no había que dividir, sino unir; que no debía ser el auto el protagonista, si no la persona; que las ciudades no eran industriales, sino físicas. “No hay ninguna lógica que pueda ser impuesta a la ciudad; la gente la hace, y es a ella, no a los edificios, a la que hay que adaptar nuestros planes”.

Interpelada por el proyecto que había en discusión para Washington Square y Greenwich Village (el barrio donde ella vivía), marchó junto a madres que solían pasear sus hijos en esa plaza, y otros interesados, hasta la audiencia pública en donde se trataba el pliego para destruirla. “Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar algo para todo el mundo, sólo porque, y sólo cuando, se crean para todo el mundo”. La impotencia de quienes tomaban las decisiones de la ciudad se transformó en pedidos de arrestos sobre Jane, que quedó detenida. Si bien era la primera vez que vivía una cosa así no le sorprendía. En su adolescencia en Scranton luchó, entre otras cosas, por la igualdad salarial de las mujeres que trabajaban en la flamante fábrica de aviones de guerra. Incluso, cuando empezó a publicar en algunas revistas de arquitectura de New York, fue tildada de comunista y perseguida por el áspero macartismo que gobernaba los Estados Unidos. “Mantener la seguridad de la ciudad es tarea principal de las calles y las veredas”

Desde sus escritos habló de todo lo que hoy hablamos quienes abordamos la movilidad urbana como tema de conversación: Gentrificación (aunque ella nunca usó ese término, sí explicó que “los barrios pueden ser víctimas de sus propios éxitos), sustentabilidad, caminabilidad, movilidad segura, pensar las ciudades en escala humana. Y desde sus acciones, además de lograr frenar la destrucción de la emblemática plaza, le dio a la academia otra mirada sobre cómo pensar y diseñar las ciudades.

Si uno visita distintas ciudades de EE.UU. notará que lo de Jacobs fue una batalla dentro de una guerra en la que perdió. Solo un par de ciudades se han dejado influenciar abiertamente por esta corriente (Hércules y Civano, según esta nota de El País). Pero si se mira en detalle, y no solo en ese país, podrá encontrar el legado de la activista urbanística más importante del siglo XX. Con el paso de los años, Jane recogió algunos logros por su lucha: le fue otorgado el National Building Foundation en Washington y, años más tarde, cuando se mudó a Canadá ya que no quería que sus hijos puedan ser enviados a la Guerra de Vietnam, allí se le dió “la Orden de Canadá”.

Cuando el conflicto con Moses terminó, Jane escribió uno de los libros fundamentales del urbanismo: La muerte y la vida de las grandes ciudades de Estados Unidos. La tensión vivida durante esos años todavía hoy late en New York, donde hace un puñado de años se estrenó “A Marvelous Order”, una ópera dedicada a la disputa entre Moses y Jacobs.

Es tiempo de compartir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll Up