La ilusión del tren argentino tiene un nuevo episodio en el sur de Santa Fe

La ilusión del tren argentino tiene un nuevo episodio en el sur de Santa Fe

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  • Un repaso por la historia del tren interurbano de pasajeros
  • ¿De qué se tratan los anuncios en el sur de Santa Fé?
  • Nostalgia de lo vivido y el anhelo de las nuevas generaciones
El tren en serodino. Ph. rodrigo Miró

Tengo 70 años y vivo en este pueblo desde que tengo seis años. ¿Cómo no voy a estar emocionado por la vuelta del tren?”. La retórica emocional del vecino resume el pasado, presente y futuro de una política de movilidad positiva que nunca es. Por eso, invitamos a Rodrigo Miró, periodista de radio Si 98.9 de la ciudad de Rosario, quien sigue de cerca el desarrollo de un nuevo entramado ferroviario para pasajeros.

Por Rodrigo Miró

Hacíamos trencito para entrar al jardín cuando éramos chicos. Dibujamos locomotoras desde siempre, aún sin haber visto una de verdad. Nos emocionamos hoy cuando un título periodístico anticipa el regreso de un recorrido, nos interesa la propuesta de ese político que propone recuperar un ramal.

Y la lista sigue. Porque hay canciones que no podrían haber existido sin esa musa inspiradora. Hay películas con argumentos que hubieran sido imposibles sin un tren como escenario. Entonces, la pregunta surge inevitable: ¿Por qué ese magnetismo? ¿Y por qué nos pasa cuando, en la mayoría de nuestros pueblos, no pasa un tren de pasajeros desde hace más de 30 años? 

Algo de eso debe venir de nuestra historia. Es que donde paraba una locomotora, fueron naciendo los pueblos. Y entonces hoy, podríamos hacer el ejercicio de recorrer todo el interior y preguntar en cada localidad a una persona elegida al azar: “¿Dónde queda la estación?” Seguro habría respuestas, sin importar la edad ni la formación del que se elija para la consulta. Se sabe, aunque en ese lugar hace mucho tiempo que no se suben pasajeros. 

Debe ser la memoria ferroviaria de una Argentina que llegó a tener, en la segunda mitad del siglo XX, más de 45 mil kilómetros de vías que la recorrían de norte a sur y de este a oeste. En la que Buenos Aires era el nodo del que se desprendían líneas que cruzaban toda la geografía nacional. Pero que también tenía a Rosario como uno de sus polos ferroviarios más importantes, con enormes talleres para la reparación y fabricación del material rodante, con recorridos de cercanía y parada en varias estaciones. 

Una de ellas era Rosario Norte, en la que en los últimos años apenas se detiene dos veces por semana el tren que va de Tucumán a Buenos Aires, cuando supo tener una vitalidad enorme y ser el centro de un barrio lleno de vida, con restaurantes, hoteles y prostíbulos. El querido bodegón El Riel, a una cuadra de ahí, debe su nombre a aquel origen. Pero no queda demasiado más. La que fue estación hoy es sede de las oficinas de la Secretaría de Cultura Municipal.

En 1977, con la dictadura militar, aquel entramado que nos enorgullecía empezó a ser desguazado. Allí fue que el sur santafesino perdió sus trenes metropolitanos y estaciones como Central Córdoba, Rosario Oeste o Rosario Central, empezaron a perder sentido para pasar a convertirse en museos o rincones del olvido. 

La derrota de los ‘90

La derrota del país ferroviario se terminó de consolidar en la década del ‘90. Durante un conflicto con los trabajadores del sector, a comienzos de su gestión, Carlos I de Anillaco amenazó: “Ramal que para, ramal que cierra”. Y debe haber sido de las pocas promesas que cumplió, quien había llegado hasta la Casa Rosada prometiendo una revolución productiva.

En esos años, no había todavía señales de noticias en la televisión. Pero era furor entre los más jóvenes la cadena MTV, que todavía en ese tiempo pasaba videos de música. Con sede en los Estados Unidos, el 1 a 1 permitió que varios músicos argentinos fueran contratados para hacer una versión “desenfuchada” de sus temas más populares. Charly García, Soda Stereo y Spinetta fueron algunos de los que grabaron sus propios “Unplugged”, como antes habían hecho ya Eric Clapton o Nirvana.

Uno de los temas que eligió el Flaco Luis Alberto para ese recital fue “Yo quiero ver un tren” (NdeR: se recomienda darle play a esta canción para terminar el texto). Metió una versión extendida y fabulosa de la canción que había grabado originalmente en Mondo Di Cromo en 1983. Pero ahora, en pleno menemato, esa letra que hablaba del mundo que había sobrevivido a una explosión nuclear, cobraba otra vitalidad. Como si la bomba ya hubiese caído y ese futuro lejano de la canción, hubiese llegado ya. Mientras suena potente la base de batería y bajo, en la mitad del tema Spinetta relata: “Antes una estatuilla del siglo IV era una pieza invalorable para todos los museos, todos los bancos, las tenían guardada porque valía una bola de mosca. ¿Y qué era? Era un jarrón, no servía para nada. Estaba en el Louvre. Desapareció el Louvre. Desapareció todo. Explotaron las bombas. No quedó nada, Quizás hemos sobrevivido… Una locomotora es la fucking Gioconda… Yeah!”.

Los desafíos para la post pandemia

“Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires”, dice un famoso refrán, que habrá nacido seguramente en el interior del país, en alguna de las tantas épocas en las que la política económica priorizaba invertir en la ciudad del Obelisco y su zona de influencia, antes que en alguna de las provincias. Lo cierto es que la Capital Federal y el AMBA atravesaron la década del ‘90 sin perder sus trenes de pasajeros y la conexión ferroviaria siguió siendo clave para que millones de personas se trasladen todos los días a trabajar allí. En todo el interior, el panorama fue muy distinto.

Entre 2013 y 2015, en los últimos años de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, se intentó revitalizar el transporte ferroviario de pasajeros. Y una parte de lo que se hizo fue el trayecto Buenos Aires – Rosario, donde se decidió levantar en tiempo récord una nueva estación para recibir el tren, en la zona del viejo Apeadero Sur. 

El motivo para establecer allí el punto de llegada de la formación ferroviaria que venía de Retiro, fue que a la vera de muchas de las vías que cruzan la ciudad fueron creciendo villas en las últimas décadas. Por allí todavía pasan diariamente los trenes de carga, pero lo deben hacer a muy baja velocidad por la proximidad con los vecinos. En el caso de un tren de pasajeros, esto haría demorar todavía más el tiempo de llegada final a Rosario y tornaría poco atractivo el viaje. Y se decidió que el recorrido termine en la zona sur de la ciudad. En 2015, con el cambio de gestión presidencial, las obras que se habían comprometido en las vías, se detuvieron. Por lo que el trayecto Apeadero Sur – Retiro sigue siendo muy económico, pero poco competitivo, ya que hay una sola frecuencia diaria que va por las mañanas y vuelve por las noches a Rosario, pero con 6 horas de demora.

Pasado el primer año de gobierno de Alberto Fernández, en el que la pandemia se llevó el protagonismo de casi todas las decisiones, parecen ganarse un lugar algunas decisiones estratégicas, entre ellas la política ferroviaria. Y en esta línea, las autoridades apuntan a darle protagonismo al interior del país, con inversiones destinadas a los trenes de pasajeros. Al menos así lo estableció Martín Marinucci, titular desde enero de 2020 de la sociedad estatal Trenes Argentinos. El funcionario visitó el sur santafesino dos veces en poco tiempo: en mayo estuvo en Serodino y en la última semana de junio, en Cañada de Gómez, Rosario y Arroyo Seco.

“En algún momento de la historia los recorridos de los trenes de pasajeros en la Argentina habían llegado a sumar 45 mil kilómetros. Hoy apenas tenemos 4.200. Estamos trabajando para recuperar eso que se perdió”, dijo en una declaración periodística mientras viajaba a Cañada de Gómez. Allí, se anunció que antes de fin de año, habrá dos viajes diarios a Rosario, con un valor de 40 pesos y descuentos para jubilados. 

Esa formación se prevé que tenga paradas en Carcarañá, Roldán, Funes y Fisherton, acercando al centro de Rosario a las miles de familias que viven en la región de un modo económico y ambientalmente sustentable. Si se respeta el compromiso asumido de realizar obras en durmientes y rieles en los próximos meses, también será un viaje rápido. 

El recorrido de 90 kilómetros que hoy hacen los trenes de carga por esa misma vía, les demanda 160 minutos. Pero las mejoras anunciadas harían que viajar de Carcarañá a Rosario Norte demande una hora y media. “Esto permitiría que sea un tiempo lógico y que sea alternativa para el viaje en auto, con un costo muchísimo menor”, dijo Marinucci ese día.

Un mes antes, el mismo funcionario había estado en Serodino, para esperar la llegada del tren que viajaba de Tucumán a la estación porteña de Retiro. Ese día, el 5 de mayo, por primera vez en 33 años, una formación ferroviaria de pasajeros se detuvo en la localidad en la que nació Juan José Saer, el afamado escritor que pasó buena parte de su vida en París, donde falleció en 2005. Desde un hermoso mural, de hecho, el querido autor de “Nadie, nada, nunca”, miraba la emoción de los vecinos de su pueblo esa mañana.

Juan Alberto Ditrola, el locutor en el acto oficial en Serodino, relataba emocionado las alternativas previas a la llegada del Tucumano, que iba a detenerse en su pueblo unos minutos, para seguir viaje enseguida hacia Rosario y Buenos Aires. Estaban el intendente y varias autoridades importantes, legisladores y referentes del gobierno provincial y nacional. Al lado suyo, muchas familias con banderitas argentinas sentadas en reposeras sobre el andén. 

“Tengo 70 años y vivo en este pueblo desde que vine con mi familia cuando tenía seis años. Cuando era chico, teníamos la canchita de fútbol acá enfrente y cortábamos los partidos para ver pasar el tren. ¿Cómo no voy a estar emocionado?”, confiesa Ditrola.

María Inés y Ricardo Delarmelina, una pareja de abuelos, ese mismo día llegaron con sus nietos para ver la llegada del tren. “Antes paraba todos los días. A la una y cuarto podíamos ir a Rosario y volver a las nueve de la noche. Es una gran cosa si esto puede volver a pasar. Si se puede, me gustaría ir con alguno de los chicos, que no conocen el tren más que por la televisión”, cuenta la abuela.

El proyecto

Lo que se vivió en Serodino, volvió a vivirse el 23 de junio en Arroyo Seco. Ese día, el Tucumano sumó una parada allí, que le permitirá a los vecinos de allí tener una conexión ferroviaria con Buenos Aires, con Rosario y con el norte argentino. Un viaje económico y con una frecuencia que por ahora es de dos veces por semana. No obstante, la perspectiva que prometen los funcionarios es ir renovando las vías para consolidar un nodo de conexión en tren desde Rosario con toda su región metropolitana. Al de Rosario Cañada de Gómez, se prevé sumarle también otros recorridos con destino a Empalme Villa Constitución y Casilda, con paradas intermedias en cada caso.

RM

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