“Más gente en la calle significa más interacción social”

“Más gente en la calle significa más interacción social”


Dl episodio Caminabilidad 

Juan Manuel Rois es arquitecto. Dicta clases en la Universidad Nacional de Rosario desde hace más de una década. Actualmente, se encuentra realizando sus estudios doctorales en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica de Chile.

— ¿Qué es la caminabilidad? 

— No sé bien en qué contexto la están usando en este idioma. Sí sé cómo se usa en inglés: “Walkability”. Es un concepto que la crítica urbanística norteamericana planteó teóricamente como una forma de contrarrestar el auto. Es la idea de volver a ciudades con veredas y calles caminables. Así que el concepto sería recuperar la caminata. 

— ¿Cuáles son los beneficios de la caminabilidad?

—  Eso es lo que en Teoría Urbana se llama: Vida Urbana. Incluso ahora, Jahn Gehl, otro gran desarrollador de esta idea de volver a una ciudad más caminable, tiene a sus seguidores en las esquinas contando cuántos autos pasan, cuántos colectivos pasan y cuánta gente pasa. Más gente en la calle significa más interacción social, más vida urbana. Desde el auto no hay ningún tipo de interacción. Incluso, una misma esquina puede soportar una determinada cantidad de autos pero muchas más personas. Entonces, hace la ciudad más eficiente, en el sentido de que los economistas ya han sacado cuentas y una ciudad que tiene más caminantes, tiene más mercado, mayor posibilidad de ventas. Por eso, la caminabilidad funciona desde muchos puntos de vista: sociológico, económico y urbanístico.

— ¿Qué aportes puede hacer la arquitectura a la caminabilidad? 

— Entender cómo interactuar con una vereda mucho más usada. Y tiene que aprender mucho del diseño urbano. Hay personas que analizan cuántos metros debería tener una fachada y cuántas cosas deberían pasar en una cuadra para que haya más actividad. Entonces, dicen, por ejemplo, que los locales comerciales no deben tener más de 5 metros de ancho; tiene que haber una puerta cada 10 metros, etc. Esto debería reflejarse en el código urbano que ya no sabemos ni quién lo hace, si los arquitectos, los urbanistas o los políticos. Por ejemplo: Rosario. El último código urbano de las cocheras lo único que está haciendo es matar a la vereda céntrica rosarina. Porque, por ejemplo, tenés cocheras en lugar de tener vidrieras. Y si te ponés a comparar las interacciones que hay en una verdulería con las que genera una cochera, ahí te das cuenta qué es lo que activa a una ciudad y qué es lo que la mata. 

— La caminabilidad también nos da la posibilidad de disfrutar de la arquitectura. 

— Mirá, esos son los que estudian la ciudad, los que se creen que hacen la ciudad. Pero, en realidad, la ciudad la hace la gente. Rosario, siguiendo con el mismo ejemplo, ha sido construida por familias, por autoconstrucción. Todos los barrios tendrían que entrar en el Registro Nacional de Vivienda Popular, porque todo ha sido construido en forma popular. Y así como lo construye la gente, también lo disfruta la gente.

— ¿Cómo es eso?

— Habría que empezar a tener un populismo urbano. Una idea de que la ciudad es de todos. Y dejar de escuchar a supuestos especialistas que después proponen cosas que no funcionan demasiado bien. De hecho, soy muy poco arquitecto, soy más persona caminante. Cuando voy caminando por la ciudad no antepongo ninguna profesión. Soy muy urbano. Me gusta más el paisaje urbano que una montaña. Nunca he ido de vacaciones a un lugar rural. Para descansar me voy a una ciudad. Me gusta caminar por ahí, comprar cosas. 

— ¿De qué trata la cátedra Rois de la Universidad Nacional de Rosario?. 

— Con la cátedra Rois sacamos a los chicos de la universidad. Hacemos ejercicios, por ejemplo: si los alumnos hicieron una maqueta, sin sitio todavía, les decimos cuál es el sitio. Entonces, los alumnos van al lugar  y tratan de ubicar y enfocar el edificio en contexto. A eso le llamamos ejercicio selfie. Hacemos derivas, también. Por ejemplo, si los chicos se encuentran por primera vez en el terrero, hacemos grupos de cuatro y cada uno tiene que documentar esa deriva.  Tratamos de incorporarnos a la ciudad. Aunque no forme tanto parte del programa que pide la currícula, la metemos por la ventana. La facultad se mete poco en la vida de la ciudad. Nosotros tratamos de que se ensucie un poquito. Incluso, en los collages, los dibujos que hacen los alumnos, les pedimos que incluyan los peatones, colectivos, a su imaginación. 

— ¿Cómo sos como circulante? 

— Tengo muchas teorías sobre cómo circular. Sobre todo, respecto al clima. Depende mucho si llueve, si hay mucho sol, si es invierno, si es verano. Tengo estrategias totalmente contrapuestas si es verano o si es invierno. La sombra en verano te salva y el sol en invierno. Esa sería la estrategia. Después está la táctica. ¿Cómo voy? Voy derecho, voy cruzando, cruzo cada dos cuadras. Sobre todo en la cuadrícula rosarina uno tiene que ser muy imaginativo para divertirse caminando las manzanas de cien por cien y las esquinas a noventa grados. Aunque he caminado en ciudades más medievales y laberínticas y tampoco me he perdido. Tengo un buen sentido de la ubicación caminante.

— ¿Cuál es la ciudad ideal para caminar? 

—  Tal vez yo tengo muy formateada la grilla urbana. Me salva. Saber, por ejemplo, cuáles van de este a oeste y cuales de norte a sur. Me complico más cuando hay alguna curva, en Rosario hay muy pocas curvas. Y, sobre todo, me pierdo más cuando esas curvas están en esquinas. Ahí, ya en curva y en ángulo, me perdí. Y ahí tenés que seguir una estrategia más de cuál es la principal y cuál la secundaria y no perderte. Me acuerdo que en Boston y Cambridge tenía que hacer eso para no perderme. 

Es tiempo de compartir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll Up