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Información contaminada

 

 

El mundo ya decidió ir hacia un camino más sustentable. Poco a poco se van dando los cambios que ayudan a frenar la emisión de gases que pone en peligro la vida en la tierra tal como la conocemos. Curiosamente hoy, al mismo tiempo que este artículo iba a ser publicado, la ONU instó a los países desarrollados a dejar de fabricar coches de combustión a partir de 2035 y a países en desarrollo en 2040. Pero este tipo de decisiones tiene, todavía, resistencia de una minúscula parte de la sociedad. 

Esta es una crónica que presentamos es un intento por entender la historia del cambio climático y el enfrentamiento narrativo al que los curiosos deben enfrentarse para entender algo más sobre un tema crucial para toda la humanidad. 

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Por Sebastián Garavelli

El calentamiento global existe y es consecuencia de la actividad del hombre. Las evidencias científicas y las opiniones de los expertos son muchas pero homólogas. Pueden partir de diferentes hechos y construir los fundamentos basados en tal o cual prueba, pero todos acuerdan en algo: así como estamos no va, y si no hacemos algo será peor.

Es importante subrayar esto de entrada porque el espacio que se le dedica a la duda, en estos temas, es rellenado por las siempre seductoras teorías conspirativas o livianas refutaciones que alimentan el regocijo de quienes encuentran placer en pensar que saben algo que nadie más.

El tema del episodio 16 de Circulantes nos invita a pensar directamente en la acción. Ya no se discute si el cambio climático es o no. El eje está puesto a donde el pragmatismo no lleva: qué hacemos. Estás líneas, hechas con la energía del ignorante que desea saber, se pensaron para contar la historia de ese concepto tan repetido por la humanidad como importante: el cambio climático. Para hacer más interactivo esto, los invito a googlear sobre el mismo y verán que definir un punto cero sobre esto no es fácil. Lo que sí es fácil es encontrar teorías, como las antes mencionadas. Para separar la paja del trigo, elegí el link sponsorizado por el Conicet. Academia de altos estudios, profesional especializado en el tema y reseña escrita hace relativamente poco. 

El título del “peiper” es La historia del cambio climático y recorre de manera contundente distintos hitos de la ciencia referidos al tema. Su autora, Rosa Compagnucci, es profesora de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Ella explica que parte de la preocupación actual nace entre los años 60 y 70. Por aquellos días, convencidos de que la historia se repetía, científicos buscaron patrones que corroborasen la vuelta a una nueva era de hielo. (No se si va agregar data científica, pero recomiendo ver todas las películas de Manny, Sid, Diego, Scrat y compañía). Aparentemente, en términos climatológicos, dentro de los miles de millones de años que tiene nuestro planeta, ya hubo cinco épocas en las que todo fue glaciar. Tras un registro exhaustivo de datos -y sus consecuentes análisis- para confirmar la sospecha, la ciencia se encontró con lo contrario: el mundo se estaba (está) calentando. 

El gobierno de Estados Unidos tomó nota del asunto y revisó el alerta que la comunidad científica le alcanzó. ¿El resultado? La producción de CO2 (que se traduce en contaminación humana, apalancada en los combustibles fósiles) impacta de lleno en la curva de la temperatura. La discusión se habilita y el mundo se apodera del tema. La ONU conforma el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, según siglas en inglés) que se dedica a elaborar informes para la toma de decisión con el objetivo de reducir el daño que nuestra especie está causando a la atmósfera. 

Pero en 2007, cuenta Rosa en su editorial, la línea discursiva se bifurca. Un nuevo informe del IPCC es acompañado por el documental del ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore. Ambos acuerdan: ya no queda tiempo, hay que hacer algo. Al Gore se hace con un Oscar a mejor documental y, en conjunto con el IPCC, se quedan con el premio Nobel de la Paz “por los esfuerzos para la difusión del cambio climático”. La avanzada mediática del discurso hasta entonces hegemónico se completa con los grandes cañones hollywoodenses al respecto (El día después de mañana, por ejemplo). 

Como es habitual, la profundización de las líneas narrativas en un sentido traen consigo una consecuencia ineludible: su antítesis. Esta se presentó bajo el nombre de La gran farsa del calentamiento global, un documental de Martin Durkin que ataca la razón del calentamiento. El síntoma es el mismo: el mundo se calienta. Pero el diagnóstico es otro: no es culpa del hombre. Para Martin es algo natural y que esas variaciones climatológicas suceden desde que la tierra es tierra. 

Pero… ¿Por qué Al Gore y la ONU someterían a la humanidad a realizar tantos cambios por algo que no es cierto? Ahí el discurso de Martin toma su forma final: aduce que detrás de todo esto existen intereses económicos. 

Finalmente, incluso los científicos que participaron del documental de Durkin salieron a desmentir lo que el documental explica y pusieron en duda los datos que el film presenta por desactualizados o absolutamente falaces.

Pueden existir tantas opiniones como cabezas, pero para la toma de decisiones a nivel global solo sirven pruebas.

En ese sentido, otro escrito contundente sobre el cambio climático lo encontré en el sitio El gato y la caja. Ahí, Ezequiel Arrieta, editor del mismo y autor del texto en cuestión, habla sobre la evidencia y no hace mención alguna sobre la postura de “La farsa…”. Busqué a Ezequiel y le pregunté sobre el texto de Rosa Compagnucci y la historia del documental de Durkin: “no soy experto en cambio climático ni climatólogo. De todas maneras, esa idea contradice el consenso científico y me parece que a esta altura ya no es ético darle la misma importancia a la opinión de alguien vs el consenso científico.”

SG

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