«Hay que cambiar, es muy costoso no hacer nada»

Ciudades 8-80

«Hay que cambiar, es muy costoso no hacer nada»

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  • ¿En quién pensamos al momento de planificar?
  • Que desafíos existen para poder cambiar una ciudad
  • Movilidad inclusiva

Del episodio La ciudad 8-80

Guillermo Peñalosa es asesor en urbanismo. Colabora con países, ciudades y agrupaciones civiles para mejorar la calidad de vida urbana, a través de la participación ciudadana y la inclusión de todos sus habitantes. A su vez, es el fundador de la ONG Ciudades 8 80, un concepto de inclusión urbana con foco en la cuestión etaria. 

Ph. Protocolo, México

— El concepto ciudad 8 80 es de tu creación. ¿En qué consiste? 

—  Sí, el concepto 8 80 es sencillo pero poderoso. Para explicarlo, sería: ¿qué tal si todo lo que hiciéramos en nuestras ciudades, por ejemplo: la bicisenda, el andén, el paseo, las bibliotecas, etc., tuviera que ser excelente para un niño de 8 años o para un adulto mayor de 80? Entonces, estaría siendo bueno para todos, de 0 a más de 100.
Tenemos que dejar de construir nuestras ciudades como si todas las personas tuvieran 30 años y fueran unos atletas, es crear comunidades para todos.

— ¿Cuáles son las principales trabas para lograr cambios en las ciudades? 

—  El principal problema es que cambiar es difícil. Es mucho más fácil hacer más de lo mismo. Entonces, usualmente, la gente no quiere cambiar, así sientan que como van las cosas no están bien. Por eso, hay que tener en cuenta tres cosas. Primero, que el cambio no es unánime, entonces los que toman las decisiones no pueden excusarse en que hay unas personas que no están de acuerdo. Siempre habrá algunas personas que no estén de acuerdo. Segundo, que el interés general tiene que prevalecer sobre el interés individual, por eso, en todo lo que hagamos tenemos que decir: ¿Cuál es el interés general? ¿Debemos tener autos estacionados o debemos agrandar el espacio para que la gente camine? Y tercero, que el costo de no hacer nada no es nada. Es muy costoso no hacer nada. Hay unas barreras, entonces yo creo que hay que cambiar la mentalidad.

— Muchos especialistas sostienen que la pandemia comenzó a cambiar las ciudades. ¿Creés que es así? 

— Hay algunas personas que dicen que vino esta pandemia y todo cambió. Yo creo que muy poco ha cambiado. Lo que hizo esta pandemia es darnos como unos lentes que nos ayudan a ver más claramente problemas que teníamos de antes: problemas de equidad, de pobreza. Problemas que nos dicen: caminemos a dos metros de distancia y ni siquiera las veredas nos dan para caminar con esa separación. Problemas que nos dicen que debemos visitar los parques y la naturaleza y, sin embargo, muchas personas no tienen un parque o una plaza a una distancia caminable.
Entonces, tenemos que cambiar, lo que es muy claro es que no podemos volver a como estábamos hace un año. Pero eso no va a ocurrir solo, si las personas no toman decisiones diferentes, realmente no va a ocurrir un cambio. 

— ¿Creés que los cambios vienen por el lado de las personas o tienen más que ver con la política, los estados, y la forma en que estos accionan? 

Los cambios ocurren de muchas maneras y en situaciones distintas. Algunas veces ocurren (la mayoría de las veces diría yo) de los funcionarios electos: alcaldes, concejales, gobernadores. Otras veces, ocurren por los funcionarios públicos: la gente que trabaja en el sector público que entienden que hay que hacer las cosas lo mejor posible así sea difícil.
También ocurren por los ciudadanos, por los activistas, por la gente que participa.
Lo que creo es que este no es un momento para que los ciudadanos seamos espectadores, hay que participar. Los ciudadanos tienen que llamar a las estaciones de radio, tienen que escribir comentarios en los podcasts, participar en los medios sociales. Hay que activar porque el tema de la calidad de vida no es un asunto sólo para los funcionarios electos, o para la gente de planeación urbana. Necesitamos que participen los abogados, los psicólogos, los sociólogos, las personas que atienden en los restaurantes haciendo carne, las personas que levantan las maletas en los aeropuertos. Este es un tema de una construcción colectiva, y se necesita escuchar las voces de todos.

— La desigualdad económica es un denominador común de la mayoría de las grandes urbes de América Latina ¿Qué rol juega esta desigualdad a la hora de pensar ciudades adaptables para personas de 8 a 80 años? 

— Cuando yo hablo de 8 y 80, no es de 8 a 80 porque la gente a veces me dice: “ah, pero yo tengo un niño de 3 años ¿no me lo incluye?”. O: “mis abuelos tienen 90”. No, es 8 y 80 como un indicador, pero un indicador va a tener ciudades buenas de 0 a más de 100.
El tema de la pobreza es muy grave y en América Latina tenemos las mayores diferencias como región frente a cualquier otra parte del mundo. Y, en realidad, cuando vemos una ciudad tenemos que hacerlo desde el punto de vista de cómo tratamos a los ciudadanos más vulnerables. Y los ciudadanos más vulnerables ,obviamente, por edad son los niños pequeños, los ancianos, pero también son todas las personas pobres, las que tienen discapacidades físicas o mentales, las personas de ciertas etnicidades. Entonces, tenemos que priorizar.
Cuando evaluamos las ciudades, la calidad de vida, no es cuántos millonarios tenemos o cuántos premios nóbeles sino: cómo tratamos a los ciudadanos más vulnerables. Así es cómo deberíamos evaluar cualquier ciudad en cualquier parte. 

— Tenés un gran recorrido por todo el territorio latinoamericano. Según tu experiencia, ¿cambió la forma de circular por las ciudades? 

— Sí, definitivamente yo también creo, desde ese punto de vista también tenemos que pensar en lo más vulnerable. En movilidad el más vulnerable es el peatón, luego el que anda en bicicleta, luego en el transporte público y, por último, el que anda en auto. Entonces, también las prioridades deberían ser en ese orden: no hay nada tan importante como el peatón, no hay nada tan importante como caminar, porque todos los viajes comienzan y terminan caminando. Caminamos al transporte público, caminamos a la bicicleta, o caminamos al auto, o caminamos a los lugares, todos caminamos, así es como los seres humanos fueron creados: así como los pájaros vuelan, los seres humanos caminan, entonces hay que darles prioridad. Ahora, por ejemplo, se ha puesto de moda la “Ciudad de los 15 minutos” que Carlos Moreno, asesor de la alcaldesa de París, promueve. Yo creo que la ciudad de los 15 minutos no es algo nuevo, me gusta que le pusieron un rótulo bonito entonces la gente lo entiende: ¿qué es la ciudad de los 15 minutos? Es tener todas las necesidades básicas a quince minutos caminando: el parque, la plaza, la biblioteca, el restaurante, el transporte público, el mercado, etc. Pero, realmente, eso es lo que se ha venido haciendo hace miles de años, entre otras por qué las ciudades de hace 500 o mil años eran mucho más compactas, porque estaban hechas para la distancia caminable, cuando llegó el carro, el auto, hace cien años,  se empezaron a expandir las ciudades de una manera horrible y  lo que hemos estado construyendo los últimos cien años son urbes pensadas mucho más en la movilidad del auto que en la felicidad de la gente.
Entonces yo creo que una de las cosas que tenemos que tener claro es que debemos hacer las ciudades radicalmente diferentes y tenemos que darle la prioridad a los que caminan, a los que usan la bicicleta, a los que usan el transporte público. Porque estamos hablando, la pandemia ha sido terrible, pero es casi un juego de niños comparado con el problema del cambio climático y para enfrentar el cambio climático tenemos que vivir de una manera diferente, tenemos que vivir de una manera más compacta, de una manera más colectiva, de una manera en donde usamos sistemas de movilidad sostenibles entonces tenemos una linda oportunidad, pero hay que cambiar. 

— Sos un gran promotor de las ciclovías recreativas. ¿Cuál creés que es su mayor aporte a las ciudades? 

Las ciclovías recreativas son algo maravilloso que deben tener todas las ciudades del mundo. No importa si la ciudad tiene 10 mil personas o 500 mil, o 10 millones todas las pueden tener.
Es un concepto también sencillo: abrir las calles a las personas  y cerrarlas a los carros durante unas horas. Puede ser todo el domingo, algunas ciudades lo hacen todo el sábado y el domingo.
Entonces por qué esto es tan importante.  Porque es recordar a los ciudadanos, si miramos Rosario, Buenos Aires, cualquier ciudad desde el aire: el espacio público más grande, son las calles. Las calles son espacios públicos que nos pertenecen a todos, pueden tener distintos usos según la hora del día, el día de la semana del año y eso es lo que hacen las ciclovías recreativas de los domingos.Es algo maravilloso.
Lo otro que yo recomiendo es que esté integrada toda la ciudad, porque estas ciudades donde estamos segregados y los pobres y los ricos no viven en los mismos barrios, es muy importante que se conecten. Por eso, cuando dirigí este programa en Bogotá al igual que todo el tema de parques estaba obsesionado, encontré un programa muy pequeño con unos pocos kilómetros y unos pocos miles de personas y en sólo cuatro años lo convertimos casi que en el parque temporal más grande del mundo. Pasamos 121 km, uno de cada cuatro personas salen, los niños, los viejos, los flacos, los gordos, todos y es un lugar donde se encuentran las personas más ricas de la ciudad, con sus familias. El presidente de  las empresas y sus familias, los trabajadores de sueldo mínimo y sus parientes se encuentran como iguales y eso es poderoso. No importa que uno vaya en una bicicleta de 5 mil dólares y otro en una de 50, la bicicleta no segrega, entonces se ven como iguales, o caminando o corriendo. Por eso, este es un tema importante de equidad, igualdad, de encontrarnos como iguales, de una integración social, de hacernos reflexionar sobre el tema del espacio público de la ciudad para todos.
Y es que también estas nuevas ciudades post covid tenemos que pensarlas alrededor de la salud, de la equidad y de la sostenibilidad.
Ese debe ser el reto: cómo vamos todos a vivir más felices y más saludables y cómo vamos a hacer para que la ciudad nos ayude en ese proceso. 

— ¿Qué es una buena ciudad? 

Yo diría que una buena ciudad es una ciudad equitativa y sostenible donde todos los ciudadanos podamos vivir más felices y más saludables, ya sea un niño de 3 o un anciano de 90, personas con discapacidades físicas o mentales, y yo creo que eso es realizable, hacia allá es hacia donde debemos tender. Estos no son problemas financieros ni tecnológicos sino políticos donde todos debemos participar y es completamente realizable.
Hay cinco elementos que nos van a hacer más saludables y felices. Uno, la actividad física, pero no digo correr maratones sino movernos 30 minutos al día pero cinco días o más a la semana. Dos, comer más saludable, o más plantas. Entonces menos carne. Imaginate si toda la gente en Argentina comiera la mitad de carne de lo que come hoy es como si la mitad de los argentinos fueran vegetarianos desde el punto de vista del impacto global. Tercero, tenemos que dormir 7 u 8 horas al día. Pero, obviamente, para dormir tampoco debemos tener gente en la calle que no tenga un techo. Cuarto, debemos tener contacto con la naturaleza ya sea en la plaza o en el parque, tener plantas en la casa. Y, quinto, tenemos que socializar, tener contacto con la gente. Entonces, si tenemos estos cinco elementos vamos a vivir mucho más felices y saludables, pero entonces tenemos que tener una ciudad que nos invite, que nos facilite hacer eso.
Por ejemplo, el tema de la actividad física: la única forma que todos los habitantes de la Argentina y de cualquier ciudad del mundo tengan actividad física es si uno camina o anda en bicicleta como un actividad normal de cada día, uno puede ir a fútbol una vez por semana, o puede ir al gimnasio, uno dos días, pero si queremos ser activos físicamente cinco o más días a la semana la única forma es caminar o andar en bicicleta como algo normal de cada día. Además es algo gratuito, fácil de hacer pero que para esto ocurra debe haber una infraestructura que sea segura para todas las edades, esto no es para los ciclistas profesionales, en spandex, no es para cualquier persona para que los niños vayan a estudiar, para que los adultos mayores vayan a comprar leche o huevos, para que puedan visitar a los amigos, etc. 

Es tiempo de compartir!

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