“Hay mucho de lo que somos vinculado con la calle”

“Hay mucho de lo que somos vinculado con la calle”

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  • ¿Qué es el bien y qué es el mal?
  • ¿Por qué actuamos de la manera en la que lo hacemos?
  • ¿Cuál es el impacto de nuestro comportamiento cuando nos movemos?

Del episodio ¿Por qué circulamos mal?

Tomás Balmaceda se autodefine como un “curioso”. Este instinto por el  conocimiento lo llevó a doctorarse en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y a trabajar en los medios de comunicación más importantes del país, derivando su pasión por leer, escribir y pensar en artículos periodísticos. Colabora en los medios más importantes del país y es autor de cuatro libros.

Con Tomás vamos a cuestionar qué es el bien y qué es el mal. Qué nos lleva a actuar de la forma en que lo hacemos y de qué manera repercuten nuestras acciones a la hora de movernos por las calles. 

Foto: Posta.fm

— ¿Cómo sos como circulante? 

— Durante muchos años fui solamente peatón y, hace tres años aprendí a manejar y me subí a mi primer auto. Estoy tratando de comprender un mundo nuevo, a pesar de que ya pasó mucho tiempo. Soy bastante mejor conductor de lo que imaginaba.

— En Circulantes nos preguntamos sobre cómo andamos y te convocamos para filosofar sobre por qué actuamos mal cuando manejamos. 

— Es una pregunta, desde la filosofía, bastante profunda. ¿Por qué actuamos mal? En general, el enigma o la perplejidad que genera elegir el mal en lugar del bien surge porque muchas veces tomamos como premisa que hombres y mujeres somos animales racionales. Parece que, solamente, somos racionales y que siempre vamos a elegir lo mejor para nosotros. Y nos parece de sentido común que lo mejor para nosotros es actuar bien. Una vez que dejamos esos pensamientos, el libro o lo que en filosofía llamamos el sillón, es decir, estar sentado en el sillón pensando, y abrimos la puerta de nuestra casa y salimos a la calle, vemos, con sorpresa que, muchas veces, las personas no actúan siguiendo esta regla de hacer el bien y que nosotros mismos no seguimos esta regla. Entonces, es interesante pensar por qué actuamos mal o por qué, a veces, conociendo reglas que son relevantes en nuestra vida, que nos atan, que estamos sujetos y que a pesar de eso elegimos otras opciones. Es totalmente perturbador pero, a la vez, como sucede con los grandes problemas filosóficos, apasionate. 

— ¿Qué es actuar mal?

— Actuar mal sería no cumplir con cierta regla o cierto parámetro de lo que consideramos que está bien. Y acá, también, se abren muchas opciones filosóficas: vamos a encontrar a aquellos que piensan que existe un solo bien y que todos estamos de acuerdo en entender que es un bien universal o que no tiene ningún tipo de atadura temporal o ideológica; y aquellos que no creen que existe el bien sino que existen las acciones buenas que son esas circunstancias que comparten la característica de ser buenas. En general, actuar mal, entonces, es salirse de esa regla que no necesariamente está vinculada con las leyes. Como sabemos, en muchos casos, tenemos reglamentaciones, tradiciones o instrucciones que hemos aceptado lo que no significa que de por sí sean buenas. Puede ser que, simplemente, se hayan acomodado a un momento histórico o a una circunstancia particular y ahora no se aplique. 

Si tratamos de entender por qué actuamos bien, cúal sería la motivación, qué es lo que hace, en el caso de cuando somos circulantes, que yo respete un semáforo, la velocidad máxima o el carril que le corresponde a mi vehiculo, uno tiene que pensar: ¿qué es lo que me motiva para actuar bien? Hay distintas posibilidades de motivación que tienen que ver con diversas opciones que nos ofrece la filosofía. Por un lado, la motivación puede ser, simplemente, una regla. Y uno piensa: “no puedo hacer esto porque hay una regla o ley que me lo impide o que me indica que haga otra cosa”. A muchas personas eso le basta. Otros, creen que la motivación tiene que ver, más que nada, con cuál es el beneficio o el castigo que trae detrás. Y también, a veces, trabajamos en base a eso: “yo no quiero superar la velocidad máxima con el vehículo en el que estoy circulando porque la multa es muy grande”. O porque, eventualmente, podría generar una tragedia. Lo que me motiva, entonces, no parece ser tanto seguir esa regla sino el beneficio o castigo que se sigue de cumplirla o no. Y, después, podríamos pensar, de alguna manera, imaginando adaptaciones de distintas posturas filosóficas: qué es lo que sucede con la virtud. Para muchos, no importa la regla puntual, el castigo o el beneficio que me traiga sino pensar si yo estoy acercándome o no a ser virtuoso. O sea, si aquello que yo quiero hacer se adapta a la virtud o no. ¿Cuál es la virtud? Esa es otra discusión. Sin embargo todos, más o menos, entendemos cuando hablamos de ello: una buena vida en la que encuentro mi felicidad y la de los demás es una vida que se adecúa a la virtud. Entonces, no necesito tener reglas específicas que me digan en dónde cruzar o a qué velocidad ir o cómo manejarme. Sino que si yo pienso que se adecúa o no a la virtud es suficiente. Esas serían las motivaciones para movernos o tomar buenas decisiones. ¿Por qué tomamos malas decisiones? Bueno, ahí entran cuestiones más vinculadas con la psicología. 

— ¿Qué pensadores desarrollan las ideas de el bien y el mal? ¿Podés darnos algunos casos en particular? 

— Si uno quiere pensar de dónde viene esta idea de que la motivación es una regla o una máxima, el mayor representante es un filósofo alemán: Kant. Quién creó el famoso imperativo categórico. Si quieren pensar más acerca de la virtud, Aristóteles, filósofo griego de la antigüedad, es el que más desarrolló estas ideas pensando en que la manera en que podemos encontrar esa buena vida o poder mantenernos bien está relacionada con ser virtuosos. Y, contemporáneamente, hay una serie de filósofos y filósofas que hablan de una ética de la virtud. Y si ustedes son de los que creen que existe el Bien, con mayúsculas, tienen que pensar en Platón, el maestro de Aristóteles. Es increíble porque Platón y Aristóteles fueron maestro y discípulo, y piensan totalmente distinto. Es divertido ver ese contrapunto. Y uno se puede acercar a estas posiciones que podríamos llamar esencialistas en el sentido de que, efectivamente, pensamos que existe algo como el Bien a lo cual nos podemos parecer o no parecer. Y si ustedes están más intrigados con cualquier teoría que tenga que ver con las recompensas y los castigos que puede traer cumplir o no las reglas, en filosofía política hay un montón de autores contemporáneos y clásicos que van a poder consultar. 

— Con lo que más nos encontramos es con este concepto de “la filosofía de la calle” que tiene insultos, violencia vial y muy pocas reflexiones, esporádicas. 

— Sí, por supuesto. Lo que sucede con todos los ámbitos cotidianos es que en la calle, quizá de una manera más patente que lo que sucede en nuestras familias o en el trabajo o en otro eventos donde se nuclean comunidades de afinidad, nos encontramos todos. Es más difícil que yo encuentre que se rompan ciertas reglas, por ejemplo, cuando estoy jugando al fútbol con mis amigos porque comparto ciertos códigos. Cuando estoy en una oficina puedo estar más o menos de acuerdo con lo que sucede pero se comparten ciertas reglas de civilidad que están vinculadas con el tipo de compañía en la que trabajás o el tipo de rubro en el que estás laburando. En la calle nos encontramos todos: gente que podríamos ser amigos, gente que jamás podríamos ser amigos, gente que viene de distintos sectores de la sociedad, de distintos trasfondos culturales. Y yo supongo que hay mucho de cada sociedad que se transparenta o es más fácil de detectar en la calle. Uno ve en la calle donde se cumplen las reglas o no; en donde hay cordialidad entre peatones que circulan en auto, a pie y en bicicleta. Sería interesante ver si se pueden transpolar esas características de lo que sucede en cada sociedad a la calle. Yo creo que hay mucho de lo que somos vinculado con la calle. Aquellos que hemos viajado por trabajo, por placer, a otros lugares del mundo lo vemos. Quizá en las ciudades argentinas hay mucho ruido, mucho grito y cuando uno va a otros lugares quizá la calle es más tranquila. Creo que es posible trazar esos paralelos. Qué cosas de la sociedad se ven en la calle y que cosas no se ven.

— ¿Y eso por qué sucede?

— Así como la filosofía nos puede acercar maneras de comprender por qué tomamos malas acciones conscientemente o por qué debemos seguir o no acciones que sean buenas también las psicología nos ayuda a comprender el comportamiento humano. Hay un montón de investigaciones que tratan de explicar en por qué se rompen las reglas, el por qué de que si yo sé que hay determinadas reglas no las cumplo. Hay una psicóloga que se llama Anne Trevens de Notre Dame, París. Ella trabaja sobre la dependencia del contexto que tienen nuestras decisiones cotidianas. Es decir, yo tomo decisiones, que pueden ser buenas o malas acciones no solo por lo que yo creo o mis valores sino también por el momento en el que estoy. Si estoy por cruzar la calle en mi ciudad es una cosa, si estoy por cruzarla en otra es distinto. Cambian las decisiones que yo tomo, que tienen, justamente, un valor moral, ético, porque pueden ser evaluadas, de acuerdo al contexto. Luego, hay otra psicóloga que se llama Stanley Migland que lo que trabaja es acerca de cómo el comportamiento ético es contagioso. Si yo estoy en un sitio donde veo que distintas personas, sistemáticamente, rompen las reglas me voy a sentir más habilitado, influenciado o inclinado a también romper esas reglas. Esto es interesante porque esas acciones buenas o malas parecen tener cierto carácter contagioso. Es cierto que uno, a veces, imita lo que ve, sobretodo cuando uno es más chico pero, también, cuando se es grande. Entonces, me parece importante reflexionar, cuando tomamos malas decisiones o erradas, pensemos de qué forma estamos influenciando a otras personas. Esta idea me parece interesante de pensar porque le da una dimensión de responsabilidad a nuestro actos. Uno puede decir: “cruzo rápido, no viene ningún auto, estoy apurado”, y creo que es relevante. Y la tercera dimensión es de una psicóloga que se llama  Francesca Gino, de Harvard. Ella piensa que, en general, solemos tomar estas malas decisiones sobre el tráfico a partir de cierta excepcionalidad que creemos que se nos aplica a nosotros. Es decir, cuando hacemos las normas, nos parecen que son correctas que tenemos que respetarlas, que todo el mundo debería cumplirlas pero que en ciertas circunstancias a nosotros no se nos aplican. ¿Por qué? Porque yo siempre estoy apurado, porque siempre hago las cosas bien y por una vez que las haga mal no va a pasar nada, porque es algo excepcional, porque soy un buen tipo. Entonces, yo creo que estas tres dimensiones: la idea de que es contagiosa, la idea de que depende del contexto y la idea de que nosotros nos sentimos la excepción me parecen relevantes para reflexionar sobre las propias acciones. 

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