«Hay muchísima labilidad en el control»

Antropología vial

Hay muchísima labilidad en el control

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  • Cultura y sociedad
  • Investigaciones sobre el comportamiento
  • ¿Cómo generar una nueva cultura vial?

Del episodio Antropología vial

Pablo Wright es antropólogo, docente e investigador del CONICET. Uno de sus campos de estudio es la antropología vial. En diálogo con Circulantes, desarrolla este concepto y remarca su importancia para comprender por qué actuamos en la vía pública de la manera en que lo hacemos. 

— ¿Cuál es el objetivo de la antropología vial? 

— El objetivo es estudiar los fenómenos de la vialidad en todas las dimensiones que se puedan investigar. Con eje en la dimensión de la ciudadanía, es decir, la dimensión del sujeto ciudadano que transita por un Estado Nacional, con toda su infraestructura vial y cómo interioriza las normas y cómo el Estado genera cuerpos normativos para regular el tránsito. Entonces, nos interesa hacer este trabajo de estudio histórico: cómo se fue conformando el campo de lo vial. Es trabajo de campo en persona. Mirando el tránsito, viendo patrones de lo que llamamos coreografías (los dibujos que hacemos como peatones y conductores) y tratar de ubicar eso dentro de un contexto sociopolítico e histórico. Eso sería lo global, pero lo vamos haciendo parcialmente, en fragmentos. Depende de nuestras posibilidades porque no es el primer tema que tenemos cada uno de los integrantes del equipo. El grupo que tenemos para este propósito se llama “Culturalia”, el equipo de Antropología Vial, radicado en la sección de etnología del Instituto de Ciencias Antropológicas de la UBA. 

Pablo es investigador del Conicet

— ¿Qué es Culturalia?

— Culturalia es un equipo de antropología aplicada, que utiliza herramientas de la antropología para investigar elementos de la cultura vial de los que no somos conscientes cuando manejamos, cuando caminamos. Cuando hacemos todas estas coreografías no es que estamos pensando que vamos a hacer esto y lo otro. Lo hacemos porque lo vimos en nuestra familia, entre nuestros amigos, porque es lo que se hace. Hay una distancia entre la cultura práctica y la cultura normativa, eso es lo que investigamos en Culturalia. 

— ¿Qué es la cultura vial? 

— Son todos aquellos principios teóricos y prácticos, y formas de movimiento que aprendemos en el medio en el cual vivimos. Ya sea la familia, los amigos, la escuela, organismos dedicados a lo vial, que van modelando la forma en que nos conducimos por el espacio público sea como peatones o conductores. Y tiene mucho que ver con cómo se ha constituido el país como una organización sociopolítica-jurídica y es una dimensión muy compleja, que tiene muchos niveles. Pero el más visible es el que vemos cuando uno, como peatón, quiere atravesar un cruce peatonal, sin semáforo, y ningún auto te frena, salvo en muy contadas situaciones. Lo cual va en contra de la normativa. Pero lo que sucede es lo que vemos. Cambiás de país y pasa otra cosa. Vas a Uruguay, a Montevideo, y la gente cuando quiere cruzar, todos frenan. Ahí ves, en la dimensión más superficial de la cultura, la diferencia. 

— ¿Cómo se explica esa diferencia? 

— Se explica históricamente. Por fenómenos muy complejos de construcción ciudadana, construcción de Estado Nacional en esa orilla y en esta orilla. Pongo el ejemplo porque es lo más parecido, aunque es bastante diferente la ciudadanía de allá y de acá, y además, porque estamos haciendo con Culturalia una investigación comparativa de la cultura vial o el imaginario vial argentino y uruguayo, con trabajo de campo, acá y allá. Con una antropóloga uruguaya, el equipo de Culturalia argentino y yo.

— Es muy raro porque somos países vecinos. 

— Sí, totalmente. Vos entrás en una rotonda en Montevideo, en Maldonado o en Colonia, lugares que yo pude ver, presencialmente, y el que entra: frena y deja que la circulación de adentro termine y, entonces, entra. Cuestión que en Argentina es impensable. Primero, porque uno gana la posición. Acá se gana la posición. O sea, el sistema normativo no te garantiza que porque esté escrito y sea lindo, esté interiorizado en la población. ¿De qué depende que esté interiorizado en la población? Del sistema educativo, del sistema jurídico y de la cultura ciudadana que se va desarrollando a lo largo del tiempo. Y, lo que vemos ahora son cuerpos indisciplinados argentinos y cuerpos, un poco más disciplinados, uruguayos. En relación con la cultura vial. Es una esfera que hay que circunscribirla porque también hay robos allá, robos acá. No es que allá es Suiza o un país fuera del planeta Tierra y acá todo es horrible. Pero uno lo ve. Lo que yo llamo los cuerpos viales o sea los sujetos ciudadanos, cómo se conducen, qué actitud tienen frente a los signos viales es bastante menos interpretado allá que acá. La velocidad máxima, incluso la mínima, la doble línea anaranjada, etc. Allá la interpretación es menor. Acá depende de si hay mucha gente, si estoy enojado o apurado. Depende de muchos factores. 

— ¿Cómo se relaciona la cultura vial con la cultura en general? 

— La cultura vial es parte de la general. Por eso, hay que entenderlo más globalmente y no individualmente. No es que una persona sea mala o buena. No es un fenómeno psicológico.  Es un fenómeno sociológico y, por lo tanto, es cultural. Entonces, pensemos en Argentina y en América Latina, la actitud general frente a las normas es bastante lábil, generosa, se interpreta. Uno ve la cultura general en México, Colombia, Argentina y tenemos algunas idiosincrasias parecidas en interpretar las normas. Y más va a serlo en lo vial. Por eso es interesante no sacar ejemplos de la galera. Como diciendo “En suiza, en Suecia”, es otro país, es Europa, es otro proceso histórico, otro proceso de ciudadanía, otro proceso educativo. Entonces, la conformación de las subjetividades viales va a ser diferente. Y así hay que entenderla. Para hacer una buena política pública, donde uno le hable en un lenguaje argentino a los argentinos. Igual, eso implica políticas de largo aliento, donde en muchos gobiernos se haga lo mismo. Porque solo en el largo plazo se puede transformar la cultura vial para que se ajuste más a las normas y signos del tránsito. 

— ¿Qué diferencias sustanciales encontrás con otras culturas y por qué? 

— Lo que yo pude ver con mis propios ojos en Estados Unidos, en Filadelfia, donde estuve viviendo tres años. Fui a hacer el doctorado. Y vi que en lo cotidiano los autos van más despacio, respetan más las normas, frenan en las rotondas y  en los cruces peatonales, y eso no es porque ellos son mejores que nosotros como personas. Es porque el sistema estatal, la producción de las subjetividades ciudadanas y del control es mucho más fuerte allá. Entonces, vos te pasás un semáforo y la multa es grandísima y te llega por correo, no podés ir a hacerte el vivo y decir que no viste u otra excusa. Acá hay muchísima más labilidad en el control. Es muchísimo más físico el control aquí. Y al ser más físico, es más débil. En Argentina, cuando uno recibe la multa, se duda, se dice que es una forma de recaudar, tenemos teorías en relación a que el Estado siempre te quiere menoscabar recursos y es un Estado incompleto, que no protege al ciudadano. Entonces, uno es un rebelde, básicamente. 

— ¿Por qué es más fuerte la práctica que la norma? 

— Porque es lo que se ve. Y no es abstracto. Para nosotros, la ciudadanía argentina no acepta mucho lo abstracto y si lo acepta es bajo fuerza. Entonces, uno no va a la velocidad permitida porque es lo que hay que hacer sino que es porque me dejan ir a esa velocidad. Todo es porque me deja. 

— ¿Qué acciones pueden generar una nueva cultura vial? 

— Acciones educativas en las escuelas y universidades. Obras de teatro que hablen de la cultura práctica, de lo real y no de la normativa. Entonces, al ver la gente cuál es nuestra forma real de cultura vial, podemos identificar qué podemos transformar. Por ejemplo: qué tiene en la cabeza ese conductor de auto cuando no frena en el momento en que  el peatón quiere cruzar, en el cruce peatonal, con su derecho. Hay un problema de derecho, está bastante cambiada la prioridad. Hay una especie de dictadura del poderoso sobre el más débil, en toda la cadena: el camión sobre el automóvil, el automóvil sobre el peatón, el motociclista sobre el ciclista y el peatón. Es una especie de cadena atrófica. 

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