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«Es la característica placentaria de lo humano lo que explica la existencia de las ciudades»

 

 

«Es la característica placentaria de lo humano lo que explica la existencia de las ciudades»

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Por Sebastián Garavelli

Este fin de semana, en concordancia con el Día Mundial de las Ciudades, se llevará adelante el encuentro En Común en el Centro Cultural Parque España de la ciudad de Rosario. Serán 3 citas para pensar todo lo que nos une y atraviesa (las ciudades, lo digital, la información, el clima, etc) desde la cultura. 

Intelectuales y referentes de todo el país estarán presentes y en conversación bajo la coordinación del periodista Pablo Makovsky. Cada día tendrá su eje: 

  • Jueves 28: Prosperidad. ¿Hay futuro en común?
  • Viernes 29: Planeta. Bien común 
  • Sábado 30: Personas. Horizonte común 

Estarán presentes, entre otros, Juan José Mendoza (1977), ensayista y autor de, entre otros libros, Homo Búnker: breve historia del confinamiento (Leamos, 2021), en donde repasa las vinculaciones entre la civilización, el movimiento, el encierro y la literatura.  Haciendo honor al espíritu de esta obra, hablamos con Juan José vía mail, cada cual desde su encierro.

– ¿Cómo surge la idea de escribir Homo Bunker?

– Por lo general sueño con frases. Siempre es una idea que aparece en sueños la que me obliga a levantarme y comenzar el trabajo. Homo Búnker nació el 28 de marzo del 2020 a las 3 de la mañana. Aquella vez la frase que apareció fue «Homo Búnker». Y junto con el título, la idea completa del libro.

Portada del libro Homo Búnker

– Socialmente, en las culturas dominantes, el encierro aparece como castigo. El año pasado el encierro fue una medida de los gobiernos para pasar la pandemia, un primer antídoto al nuevo virus. Pero en Homo Bunker se puede leer que la civilización ha ido hacia el encierro ¿Por qué se da eso? ¿Es realmente así?

– Nietzsche, en Zaratustra, plantea algunas reflexiones sobre el tema. “Los hombres viven en casas cada vez más pequeñas”. Peter Sloterdijk en Esferas y Michel Houellebecq en La posibilidad de una isla también trabajan con la idea del encierro de los cuerpos. Es una línea de lectura que nos llega desde Michel Foucault. La idea de la modernidad -o de la civilización- puede ser pensada como la historia de un progreso en el arte del diseño de interiores. Pero esta historia también nos viene desde antes.
De todos modos no es incorrecto pensar la historia del enclaustramiento como algo ajeno a nuestro proceso como civilización. En la naturaleza hay pájaros migrantes. Los sterna, por ejemplo, migran del Ártico a la Antártida. Huyendo de las largas noches polares, son las aves que más luz solar reciben en sus vidas. Y también hay especies que no conocen casi el desplazamiento, que pasan la mayor parte de sus vidas recluidos para mantenerse a salvo de los peligros o por temor a los depredadores. De allí que una filosofía del enclaustramiento pueda ser el resultado de algo cultural o construido, sino también de algo natural y sostenido. Genéticamente, somos seres placentarios, que pasamos una gran parte de nuestra historia primitiva en cavernas o arriba de los árboles. De hecho, es un evento singular que tuvo lugar hace unos 30 millones de años, la Falla del Rift, lo que nos hizo bajar de los árboles y ponernos en marcha.

– ¿Cómo o en dónde pensás que impacta esta característica placentaria en el desarrollo de las ciudades? ¿Es el fin de ellas? ¿Se transforman? ¿Ya no tienen sentido?

– Es esta característica placentaria de lo humano lo que también explica la existencia de las ciudades. La extensión de lo placentario, que continúa en la unión entre infantes y comunidad y la necesidad del cobijo le dan sentido a la compartimentación de los espacios habitables. Es esta característica placentaria la que también fundamenta la dicotomía interior/exterior. No solo la invención de la electricidad es lo que explica la invención de las ciudades.

– En Homo Bunker viajás, desde el confinamiento de la última pandemia, por obras universales que fueron atravesadas por el encierro. El movimiento, o la ausencia del mismo (la quietud)… ¿impactan en la literatura? ¿Cuál es la relación entre el movimiento y la literatura?

– César Aira dice que los viajes son una debilidad de la imaginación. Hasta el propio Jack Kerouac -autor de En el camino- estaría de acuerdo con esta idea de César Aira. Su libro está basado en la memoria de sus viajes por Estados Unidos a finales de los años 40. Pero Kerouac escribió la versión final de En el camino encerrado durante 20 días en su casa de West 20th Street en Manhattan, con su esposa Joan proporcionándole sus buenas dosis de benzedrina, cigarrillos y café. El artista Simon Morris hace algunos años descubrió, transcribiendo On the Road, la cantidad de guiones que utiliza Kerouac en el libro. Los guiones le dan velocidad a la historia, y ritmo a la escritura, realizando incluso un paralelo con las líneas de la ruta. El efecto de Kerouac llega inclusive hasta Cortázar, que concibe Rayuela en una mansarda de Montparnasse, escribiendo las impresiones que luego de sus paseos por la ciudad Aurora Bernárdez le lleva de primera mano hasta su escritorio. De modo tal que debemos desconfiar de la etnografía, de la idea de la literatura como un simple ejercicio de la mirada, aún cuando el sentido de la vista sea el sentido más sobrerrepresentado en la historia de la literatura. A propósito de la relación entre movimiento y literatura, es la de Sergio Chejfec una escritura obsesionada con ese tema. Chejfec desconfía de la interpretación literaria del mundo. Eso no le impide escribir relatos memorables como “El perseguidor de la nieve” o “Hacia la ciudad eléctrica” -reunidos en Modo linterna (2013)-. “El testigo”, en particular, trabaja especialmente la relación entre movimiento y literatura.

– En tu experiencia como escritor… ¿sentís el impacto del encierro en tu proceso creativo o en el resultado final del trabajo?

– No está bien hacer usufructo de una experiencia dramática. Homo Búnker reflexiona especialmente sobre ello. Una oscilación pendular entre flâneurismo y encierro quizá sea un estado natural de la literatura. Es inimaginable la escritura sin movimiento. De allí que a menudo los escritores también seamos amxs de casa. Hacer click con el mouse o sobre los botones del control remoto, son esos actos reflejos supervivientes de nuestro antiguo instinto de cazadores. Quizá el movimiento de la birome sobre el papel o de los dedos sobre el teclado sean una forma de mantener activa la memoria de nuestros tiempos nómades. Un estudio de una universidad estadounidense hace poco mostraba que, comparadas con las personas que viajan, las personas que leen experimentan mayor cantidad de emociones.

SG

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