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El sentido de lo urbano

Hackear ciudades

El sentido de lo urbano

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  • Hackear y la ética
  • Hackear y lo urbano  
  • Hackear y el hacer

Los límites de lo dado se ponen borrosos y la intervención no planificada de lo público aparece como opción para la mejora de lo urbano. Ya vimos que Hackear no es un término exclusivo de la ilegalidad ni de la informática. Pero… ¿Qué más podemos saber sobre esto? Profundiza sobre esto Paula Vera, quien investigó el concepto y su aplicación.

Por Paula Vera*

Mural del artista Dimas. Rosario

Ética hacker

El hacking es una práctica social que tiene distintas connotaciones. Algunas negativas que lo ligan a la “piratería” y a la intromisión en sistemas informáticos. Otras positivas, que asocian esta práctica a la identificación de fallas o problemas en los sistemas y la búsqueda de soluciones creativas. Sin embargo, el hacking es también una filosofía de vida que posee una serie de valores que enmarcan, de algún modo, este espíritu de rebeldía. 

La “ética hacker”, como la definió Himanen, se sostiene en la curiosidad, la pasión y el conocimiento abierto. Apunta a abonar no sólo una cultura de la creatividad sino además una cultura del cuidado y la preocupación por el bienestar social. Su estímulo no es económico, sino social y político. En este sentido, la ética hacker cuestiona el sistema capitalista actual donde la principal motivación es la obtención de dinero y promueven un sistema basado en la participación, la interacción y la descentralización de elementos de poder y control. En este contexto la libertad es considerada un valor fundamental para la autonomía individual y colectiva. ¿Cómo afectaría el modo hacker de concebir la vida a la experiencia urbana?

Lo urbano

Vivimos en ciudades, inventamos las ciudades para vivir juntos.  Son la forma que creamos para enmarcar y tramar eso que somos como sociedad, y esa forma social, a su vez, va moldeando las ciudades. El espíritu de la ciudad es, precisamente, lo que pasa entre nosotros, y entre nosotros y los espacios que vamos configurando, y cómo esos espacios condicionan la experiencia de vivir. El sentido de la ciudad sería, entonces, la vida urbana, o lo urbano como lo definieron Henri Lefebvre y Manuel Delgado. 

Lo urbano es el modo en que nos apropiamos y usamos la ciudad mientras nos movemos, mientras recorremos lugares y nos encontramos con otros, mientras abrimos la sensibilidad a la experiencia de habitar la ciudad. Pero también es aquello que se afinca en los lugares y busca permanecer: los objetos, las cosas, las historias, los símbolos, los deseos… Es también la encarnación del cambio, de la transformación, de lo que la ciudad no es, de lo que pudo ser, de lo que quiere ser y de lo que está en disputa de cara al futuro. 

La ciudad es un espacio de sentidos múltiples y diversos que revitalizan y dinamizan la vida urbana. Esos sentidos no son homogéneos, sino que están en permanente conflicto. Pueden ser divergentes, paralelos, yuxtapuestos y contradictorios y hacen que la ciudad siga teniendo sentido como lugar, como espacio social específico. 

La caja negra

“Hackear la ciudad” es una expresión que se usa como metáfora de algunas intervenciones urbanas. Ahora bien, ¿por qué habría que hackear la ciudad? 

En primer lugar tendríamos que pensar que es porque hay algo que no funciona. Hay algo de la ciudad que está en crisis, que falla, que desilusiona y decepciona, que molesta y al mismo tiempo incita a imaginar otras formas de habitarla. En segundo lugar, y en relación con lo anterior, podríamos argüir que el hacking urbano emerge porque la ciudad no es neutra ni equitativa, porque prevalece un modo desigual de producir, vivir y experimentarla. En consecuencia, ni la ciudad ni la vida urbana son las mismas para todos. 

Volviendo a las metáforas informáticas, podemos pensar que la ciudad posee su caja negra. Ese lugar casi inaccesible, sin código abierto, que guarda con mucho recelo el nudo de conexiones que definen el modo de producir ciudad. ¿Qué se guarda en la caja negra de la ciudad? ¿Quiénes tienen acceso? ¿Qué modelo urbano predomina? ¿Para qué, para quiénes y por qué…? ¿Cómo echar luz en ese corazón oscuro? 

Si hackear implica, en primer lugar, comprender cómo funciona por dentro el sistema e intentar transformarlo en pos de un bien común, entonces podemos convenir que no toda intervención urbana es un acto de hacking, habrá que cuestionar en cada experiencia si contribuye a construir una ciudad realmente más justa.

Hackear la ciudad es…

Hackear la ciudad hoy es intervenir un campo de problemas caracterizado por: la mercantilización urbana, la homogeneización, la gentrificación, la fragmentación y la segregación… Fenómenos que definen un modo de producir ciudad en detrimento del disfrute, la interacción diversa y de la configuración de ciudades vivibles, equitativas e inclusivas. 

Hackear la ciudad es restituir su dimensión política, es decir la capacidad colectiva de transformar la realidad urbana. Abrir el conocimiento sobre lo urbano a la comunidad para descentrarlo de la relación hegemónica Estado-mercado-técnicos. Desde esta perspectiva, no nos estaríamos refiriendo tanto a la práctica del “urbanismo táctico” o placemaking, sino a un “urbanismo transformativo” en términos de Solomon Benjamin, que, en sintonía con la ética hacker, estaría sostenido más en instancias de implicación y tomas de decisiones horizontales y cooperativas que en modelos representativos o participativos vacuos. 

Hackear la ciudad es habilitar la creación de nuevos procesos de producción urbana donde prevalezca el poder colectivo, desde abajo, centrado en los deseos, aspiraciones, necesidades y en un tipo de conocimiento del saber-hacer-urbano puesto en acción a partir de lo que Horacio Espinosa y Marta Corntich denominan como una creatividad operativa. Algo así como el despliegue del Derecho a la Ciudad y la vida urbana de Henri Lefebvre o la Revolución Urbana de David Harvey. 

Hackear la ciudad es hacer ciudad, protagonizar el sentido de la vida en la ciudad, dejar de delegar la capacidad de imaginar el modo en que deseamos vivir porque, en definitiva, todos tenemos el poder de prefigurar soluciones basadas en ese conocimiento práctico y operativo, ese saber-hacer-urbano, el germen del hacker.

En definitiva, hacker la ciudad es subvertir su orden. Un orden, el dominante. Es interpelar el sentido instituido, ponerlo en duda, mostrar otros sentidos posibles. Otros modos de vida, usos y goces. Es incomodar de alguna manera y durante un tiempo posible el status quo de la ciudad. Mover su andamiaje. 

Hackear la ciudad es desnudarla, mostrarla, develar sus contradicciones. Apagar sus luces y correrle el maquillaje. Abrir la caja negra. Comprender cómo funciona y para quién. Detectar qué no funciona, qué limita la expansión de lo urbano en la ciudad. Es verle la cara al lobo y construir de manera colectiva otros sentidos, otras formas, más justas, más amplias, más dignas de convivir. 

 

Te interesa el tema, acá una lista de textos que ayudaron a Paula:
– Benjamin, S. (2008). Urbanismo transformativo o sobre cómo Walter Benjamin desbarata el capital imperial paseando por ciudades ocupantes. En Post-it City. Ciudades Ocasionales. A. Petti et. al. Barcelona: CCCB.
– Castoriadis, C. (2003) La institución imaginaria de la sociedad. Buenos Aires: Tusquets
– Corsin, A. (2018) Reclamar las infraestructuras. Madrid: La aventura de aprender
– Delgado, M. (2011) El espacio público como ideología. Madrid: La Catarata.
– Espinosa, H. y Contijoch M. (2021) El espacio público y sus disconformes. Informalidad y conflicto urbano. Revista de Antropología Iberoamericana, VOL. 6, N2, 249-264
– Harvey, D. (2013) Ciudades rebeldes. Del derecho a la ciudad a la revolución urbana. Madrid: Akal
– Himanen, P. (2002) La ética hacker y el espíritu de la era de la información.
– Lefebvre, H. (2013) [1974]. La producción del espacio. Madrid: Capitán Swing
– Lefebvre, H. (2017) [1968]. El derecho a la ciudad. Madrid: Capitán Swing.

*Paula Vera es Investigadora Adjunta de CONICET, Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencia Política y RRII de la Universidad Nacional de Rosario.

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