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Día Mundial de las ciudades: ¿puede una ciudad ser feliz?

 

El 31 de octubre es el Día Mundial de las ciudades. Se cree que esa fecha fue elegida porque dentro del mes de octubre se celebran otras días relacionados al habitat y el urbanismo. Y quién si no ella para coronar. Lo que si dejó en claro la ONU cuando determinó la ubicación de las ciudades en el calendario es su propósito: promover el interés en la urbanización y fomentar la cooperación entre los países para aprovechar las oportunidades y afrontar los desafíos que plantea el urbanismo.

Uno de los movimientos que tiene la urbanidad como eje y que busca superar los desafíos venideros es el de Ciudades Felices (fue tema central del episodio 10 de la primera temporada de Circulantes). Hace unas semanas se llevó un encuentro en la ciudad de Rosario, en dónde nuestra habitual colaboradora Gigi Levit estuvo presente. De esa experiencia surgió este artículo.

Felicidad, eso que tu me das es felicidad

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  • Felicidad en datos
  • ¿La felicidad se mide?
  • ¿Cómo una ciudad puede hacernos felices?

Por Gigi Levit

Felicidad en datos

Cuando me invitaron a disertar en el festival de Ciudades Felices como todos los años, acepté gustosa el desafío pero esta vez me propuse hacer una encuesta, midamos cuán felices somos, veamos la felicidad en datos. Porque, seamos francos, levante la mano quién se considera escéptico a la expresión Ciudades Felices. Así es, cuando muchos escuchamos esto creemos que no es posible algo semejante o banalizamos el sentido de la apuesta. Pero, ¿y si nos estamos perdiendo una gran oportunidad y perspectiva? ¿Sabemos qué es la felicidad después de todo?

El lenguaje tiene muchos términos “paraguas” que sirven para describir un montón de significados por dentro. Sin ir más lejos, otras emociones o estados como la depresión, la angustia, el estrés, la ansiedad, involucran muchas acepciones y sin embargo se estudian rigurosa y científicamente, y las utilizamos de una y otra manera en nuestro idioma. Quizás sea hora de hacer lo mismo con la felicidad, si estamos de acuerdo.

Vamos a desglosar el término en partes entonces, para entenderlo mejor. Alguien podría describir la felicidad como comer algo rico, estar en una playa, disfrutar una buena fiesta, bailar, cantar, mirar una buena película. Para otros puede ser tener una vida en familia, un buen trabajo, vivir en un lindo vecindario, construir relaciones de amistad significativas. Y quizás para un tercero la felicidad conste de mejorar lo que más pueda su barrio, llevar adelante un proyecto, emprender una tarea desafiante, aprender o desarrollar nuevas herramientas para la vida. Estos son los 3 conceptos que podemos encontrar en nuestra propia felicidad, la afectiva es un estado más temporario y volátil, que depende del día a día, pero con el poder de convertirse en hábito, rutina y sostén; la cognitiva es una evaluación más reflexiva sobre la vida de la persona o sobre el estado de situación en perspectiva, y la tercera tiene que ver con el sentido de propósito, de desarrollo o de autorrealización del individuo.

Formas de mediciones hay muchas pero medir, se mide. Cada año, cada país del mundo es calificado dentro de un ranking de felicidad global. Estos informes resultan de medir diferentes variables relacionadas a las posibilidades de los individuos de cubrir los ámbitos antes mencionados. Las categorías de análisis tienen que ver con, por supuesto, el Producto Bruto Interno per cápita pero también el grado de “generosidad” de un país, la cohesión o apoyo social, la expectativa de vida, el nivel de libertad para la toma de decisiones y la percepción de corrupción de los gobiernos. Así como se realizan también consultas y mediciones sobre la percepción de felicidad y estado de bienestar de la población, medidas a través de la escalera subjetiva cantril donde los participantes evalúan su vida siendo 1 es el peor nivel posible y 10 la mejor vida posible para ellos mismos.

La experiencia para el mundo

Los daneses parecen ser expertos en felicidad. Con importantes institutos de investigación al respecto y un museo sobre el tema, lideran la agenda que más sonríe del planeta. Este año se ubican cómodos en 2do nivel de felicidad mundial después de Finlandia pero hace años que se sostienen entre los primeros 4. A decir verdad todos los países nórdicos ranquean muy bien dentro de estos parámetros. Según los daneses hay varios secretos no tan secretos sobre el asunto. Por empezar, dice el experto Meik Wiking, los países nórdicos “somos buenos convirtiendo la riqueza en bienestar”. Ejemplos como “la atención médica universal, la educación universitaria gratuita, la igualdad de oportunidades (relativamente hablando) para hombres y mujeres, impulsan a la calidad de vida.” 

Su investigación hace foco en el “Hygge” (pronunciado algo así como huu-gue) un concepto danés de suma importancia en esta cultura que, sin tener traducción exacta, remite a una mezcla entre acogedor, bienestar y estar en una situación cómoda, relajada y libre. Desde la ambientación propicia, la compañía, el menú, el estado de ánimo, la expresión de deleite y por algún motivo el uso de muchas, muchas velas, el hygge de los daneses desarrolla realmente una tradición digna de imitar en base a todo esto.

Desde la perspectiva del urbanismo

Quizás lo más impactante que enseñan los expertos es cómo influye el lugar donde vivimos en nuestra felicidad. Crear espacios públicos geniales, que todos podamos disfrutar, seamos ricos o pobres es lo que los países nórdicos están haciendo bien. “Copenhague está removiendo la etiqueta de precio que tiene la felicidad”, relata Wiking. Espacios públicos de calidad, bien equipados y bien distribuidos, calles amigables con las personas de cualquier edad y condición, que disminuyan el nivel de contaminación ambiental y sonora es el programa de una ciudad que busca aumentar la felicidad de sus ciudadanos. Espacios que valgan la pena transitar, permanecer y ser vividos. Y todo esto con una herramienta clave por delante: la bicicleta.

La bicicleta es el medio de movilidad predilecto de los países nórdicos. El 63% del parlamento de Copenhague llega en bicicleta, así como el 58% de los niños usan este medio para ir a la escuela. Trasladarse en bicicleta tiene múltiples beneficios, como cualquier otra actividad deportiva tiene impacto directo en nuestra salud física y mental, que mejora de manera progresiva y nos mantiene en forma. También es un bienestar cotidiano ya que nos produce una sensación de libertad y alegría indescriptible, algo así como estar de vacaciones. Además, la bicicleta nos permite una conexión directa con la ciudad, el vecindario, el comercio barrial y las otras personas que nos cruzamos por el camino, lo cual nos hace realmente felices aunque no lo tomemos muy en serio (the village effect). Y como si fuera poco, la movilidad activa disminuye los costos de los sistemas de salud al mantenernos en forma, disminuir los riesgos que produce el transporte automotor para las demás personas y la contaminación ambiental y planetaria. Y por sobre todas las cosas, es gratis.

Parece ser que el uso y la promoción de la bicicleta es un elemento que reúne las tres esferas de la felicidad que hablábamos anteriormente, la cotidiana y afectiva, la cognitiva a mediano plazo y la de sentido de propósito. Pero a pesar de que la felicidad parece venir en dos ruedas, los daneses destacan que principalmente la usan porque es el medio de movilidad más rápido, eficiente y seguro para trasladarse. Es decir, tienen las infraestructuras adecuadas para hacerlo, y por eso la mayor parte de la población elige este medio para moverse.

Charlas pendientes

El festival de Ciudades Felices recorre y deja muchos caminos abiertos:

cómo activar a la ciudadanía para que participe en este tipo de propuestas, cómo tener conversaciones incómodas sobre cuestiones urgentes, cómo planificar y afrontar los procesos de transición y de cambio en las ciudades, cuáles son los desafíos al respecto urbanística y socialmente hablando, y cuáles las sombras de la felicidad. Mucho queda por recorrer pero espacios como estos son un aporte para el ejercicio del debate y consenso sobre lo que nos afecta día a día, y cómo podemos pensar que ser felices no es una cuestión del destino, sino también de la manera en que trabajemos para mejorar la calidad de nuestra vida y de nuestros vecinos. Esto puede pasar en tu ciudad.

GL

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