Cultura, vialidad y comunicación

Seguridad vial

Cultura, vialidad y comunicación

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Cruce peatonal, Ciudad de La Plata (Ph. Street View)

Por Celina Ruiz

La ciencia del comportamiento trata de entender por qué las personas hacemos lo que hacemos, por qué respetamos las normas y por qué no las respetamos. Qué mecanismos involuntarios se ponen en juego en los análisis que hacemos para tomar las decisiones que tomamos. “Nadie toma malas decisiones”, dicen los expertos. Dicen también que éstas se toman en base a nuestro propio sentido común, construido culturalmente. Entonces se trata de identificar cuáles son los determinantes de ese comportamiento. 

En las cuestiones del tránsito muchas son las motivaciones y creencias que se ponen en juego. La necesidad de obtener una cierta ganancia social se manifiesta en cada micromovimiento vial y esto muchas veces atenta contra el cumplimiento de las normas a rajatabla. Como, por ejemplo, cuando decidimos cruzar la calle por la mitad de la cuadra porque creemos que así estamos más seguros y los conductores de los vehículos nos visualizan mejor. ¿Hay algo que podamos discutir en este argumento? A priori no, porque lógicamente nadie desea ser atropellado. Sin embargo, en este envoltorio tan meticulosamente preparado la ciencia del comportamiento intenta introducir algo de lógica a través de mecanismos que le son propios.

Si quiere transformar, la comunicación debe provocar, persuadir, emocionar. Debe construir escenas y recursos que se conviertan en nudges, en esos pequeños empujoncitos que interpelen y modifiquen la conducta, atravesando procesos que contribuyan a traccionar conductas responsables en forma inconsciente, pero que tengan la posibilidad de convertirse en prácticas colectivas conscientes.  Las intervenciones de comunicación basadas en este enfoque (como esta) nos ofrecen el pase libre a una experiencia que cala hondo en nuestras emociones. No apuntan a un sujeto racional, son acciones que no estén basadas en el juicio porque, ya sabemos, este juicio está empañado por nuestro sistema de creencias, que, como también sabemos, es un hueso duro de roer.

El trabajo de Seguridad Vial en Santa Fe y Rosario

Es una tarde cualquiera de marzo y en plena pandemia de coronavirus, la ciudad vibra con una tensa calma. Las restricciones apenas nos permiten movernos por esos días. El Monumento a la Bandera brilla con el solcito de la siesta y el Puente Colgante es esa postal majestuosa que enmarca tantas selfies.  De pronto un portal del tiempo se abre y Los Beatles cruzan la calle. Congelados en los años 60, ajenos a nuestra realidad, atraviesan las amplias avenidas de Rosario y Santa Fe y generan el debido revuelo. “No lo puedo creer, qué emoción, parecen reales!”, se le escucha decir a la vecina, sorprendida por la escena mientras regresa de sus compras. La imagen es un ícono. Los cuatro de Liverpool atraviesan nuestras calles con la misma cadencia con la que seguramente lo hicieron aquel día en Abbey Road.  

La experiencia es performativa y es de la Agencia Provincial de Seguridad Vial de Santa Fe. Se llevó a cabo en marzo para promover el respeto hacia los peatones en las ciudades de Rosario y Santa Fe con actores santafesinos, que se prestaron al juego de esta campaña. Se detienen, miran a las cámaras y se dejan fotografiar, como si fueran los creadores de “Hey Jude” o “Let it be”.

La réplica local de la escena londinense generó revuelo mediático, sorpresa y entusiasmo durante varios días. Despertó emociones, cautivó la atención y quizás logró su objetivo. Los peatones son actores vulnerables del tránsito y debemos tomar conciencia que es necesario transformar el paradigma de la movilidad para que sea seguro para todos, ya seas Ringo, Paul, John, George, Fede, Celina o cualquiera de nosotros.

CR

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