Ciudades inteligentes y los componentes para un desarrollo humano

Ciudades inteligentes y los componentes para un desarrollo humano

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  • Dificultades y desafíos 
  • Tecnología urbana
  • Adoptar tendencias vs generar agenda

Por Gigi Levit

Ciudades Inteligentes o Smart Cities, es un término muy popularizado y extendido en el mundo para imaginar el futuro de nuestras ciudades. Desde los gigantes tecnológicos hasta las pequeñas startups, todos se alinean para ofrecer soluciones y propuestas que parecieran englobar todo lo que una ciudad pretende ser.

En principio, llegar al ideal de una Smart City no es tan sencillo como parece, ya que requiere un largo recorrido de transformaciones tecnológicas. Inicialmente las ciudades comienzan buscando eficiencias y mejoras de la productividad en algunos de sus servicios, el más común es el ejemplo de seguridad y la vigilancia. Múltiples ciudades que han implementado servicios tecnológicos se encuentran en lo que se denomina fase “vertical”. En este estado, cada ámbito de gestión de un gobierno impulsor de cambios adopta nuevas tecnologías, pero cada una de éstas opera de manera autónoma, a modo de un “silo funcional”, desintegrado de todo el resto y sin correlación de datos. 

Los esfuerzos en torno a la Smart City han de salir del ámbito compartimentado y considerarse una apuesta estratégica. Es necesario para esto impulsar cambios organizativos que permitan abordarlo con una visión transversal, en la que las diferentes áreas y secretarías de la administración pública puedan compartir los datos y cruzar las informaciones. Luego, las ciudades debieran comenzar a inter-operar entre las diferentes verticales con cruces de datos a través de plataformas de gestión y hacia un modelo de ciudad “conectada”. El último estadío de una Ciudad Inteligente será aquella que logre “gestionar de forma avanzada, predictiva y en tiempo real la ciudad y ofrecer información y servicios de alto valor añadido a los ciudadanos y empresas, creando un ecosistema de innovación”, explican el informe de Smart Cities de la consultora PWC.

Tecnología

Durante el proceso, que en muchas ocasiones no suele concretarse en su totalidad, se corre el peligro de enfocar la mirada al concepto de tecnología en vez de al de inteligencia. El ideal tecnocentrista en la planificación urbana no es nuevo. A principios del siglo XX el Movimiento Moderno planteó ciudades de alta eficiencia tecnológica. “La Ville Contemporaine” de Le Corbusier (1922), arquitecto famoso por esos tiempos, es una total tabla rasa donde se alzan una serie de torres, todas iguales y distanciadas, en el centro de un tejido extenso de edificios todos idénticos a los que se accede desde autopistas enormes y “ágiles” que solo cumplen la función de trasladarnos del trabajo a la casa. Estas imágenes suelen verse en algunas ciudades pero distan de un espacio idílico para el desarrollo de la vida humana. El singular grupo de arquitectos Archigram de los años 60 llega a fantasear con “A walking city”, una ciudad con patas mecánicas y ruedas, capaz de moverse y desplazarse por el territorio y sobre el agua.Basados precisamente en la imagen del progreso, el avance tecnológico y los ideales del Movimiento Moderno, hemos diseñado y transformado nuestras ciudades poniendo al automóvil como valor central, no sin costos colaterales. Los automóviles han cooptado las ciudades: el smog, la congestión, el urbano son algunas de las consecuencias de esta práctica extendida en el tiempo. Millones de personas pierden la vida en accidentes vehiculares al año, siendo el mayor causante de muertes en jóvenes. Un importante porcentaje del impacto en la crisis climática se debe a este tipo de transporte y es la mayor problemática a la hora de establecer parámetros de calidad de vida, convivencia y ciudades amigables para todas las edades y formas de movilidad.

Las carreteras son otro gran tema. La infraestructura que se requirió para esta búsqueda de “progreso” fue vasta y costosa, ocupando casi todo el terreno público y provocando un círculo vicioso en el que cada vez más se requiere del automóvil para trasladarse de un lado a otro de la ciudad, que a su vez, se extiende debido a estas tecnologías. Mientras más carriles se construyen, la congestión aumenta y las velocidades de traslado, paradójicamente, disminuyen.

El ideal de las Smart Cities puede traer implicancias en la sobrevigilancia y los peligros y debates éticos que esto conlleva. Las ciudades, especialmente las latinoamericanas, deben enfocarse plenamente en el aspecto de mejorar las condiciones de vida y la seguridad ciudadana, especialmente en el ámbito público. El riesgo es caer en la falsedad de pensar las políticas públicas como las referidas a la tecnología exclusivamente o peor aún, exclusivamente a la recopilación de datos personales y de vigilancia. En China, se han observado protestas masivas en contra de estas prácticas de vigilancia tecnológica, que para burlar los reconocimientos faciales usaban barbijos y cascos, láseres para apuntar a las cámaras y otro tipo de estrategias para evitar penalidades que podían implicar, entre otras medidas, bloqueos personalizados al sistema de transporte público.

Otra de las consecuencias de las tecnologías como políticas públicas de progreso es apostar a una ciudad orientada solamente hacia un valor de cambio, es decir, ser para la valorización de los grandes capitales golondrina, en lugar de priorizar el valor de uso para sus propios ciudadanos. La diferencia está entre adoptar tendencias vs generar agenda. Las nuevas y más modernas tecnologías pueden estar desconectadas de los retos a los que realmente se enfrentan hoy las ciudades. Por otro lado, sin financiamiento se vuelve imposible llevar a cabo ciertos procesos.

El sociólogo Richard Sennett reconoce implícitamente el carácter complejo de las ciudades. Por ello sostiene que la implementación de nuevas tecnologías debiera estar orientada hacia el mejoramiento de las coordinaciones dentro de la urbe antes que a una prescripción de las formas de interactuar dentro de la misma, que solo fomentan el control y la vigilancia.

No imagina a la ciudad como un sistema que debe ser automatizado y controlado, sino como un ecosistema diverso e incontrolable del que debemos estar aprendiendo constantemente, y al que es necesario adaptarse.

 La tecnología es la respuesta, pero cuál es la pregunta (Cedric Price, 1934)

No hay una receta mágica pero volvamos a concentrarnos por un momento en el concepto de Inteligencia: facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad. También es la capacidad de percibir o inferir información, y retenerla como conocimiento para aplicarlo a comportamientos adaptativos dentro de un entorno o contexto. Para esto, las tecnologías demuestran ser extremadamente útiles y siempre lo han sido. Hacer tecnología, por definición, es todo lo que hacemos con nuestro entorno para modificarlo, comunicarnos o subsistir, básicamente es lo que nos define como seres humanos.

¿Qué queremos de las ciudades?

No hacemos ciudades para hacer más tecnología o infraestructuras o edificios. Las hacemos para vivir mejor, para generar cultura, intercambio, comercio, comunidad, convivencia, identidad, para hacer una ciudad en sí misma, como un orden mayor de vida.

Por supuesto, quién quiere vivir en una ciudad tonta, y el marketing de este concepto bien lo sabe, pero no tenemos que perder de vista lo importante. Ir al teatro no es eficiente, generar amistades no es eficiente, enamorarse no es eficiente, leer un libro, pasear por el parque, ir a un museo, sentarse en la vereda a tomar mate, no son acciones meramente eficientes y sin embargo son las que necesitamos que se promuevan en las ciudades.

Las ciudades son cultura, contacto, comunicación, intercambio, encuentro, comercio y regulación, dice el urbanista Salvador Rueda. La tecnología ha atravesado y modificado sin dudas todas estas áreas, pero no sin consecuencias sobre la forma y función de la ciudad. La crisis y el vaciamiento de los centros urbanos son un ejemplo de esto. ¿Podrán entonces las instituciones y soluciones del pasado resolver los problemas del futuro a través simplemente de la tecnología? Se necesita un cambio de planteamiento que aproveche las virtudes de las innovaciones para resolver problemas sociales, ambientales, económicos, de gobernabilidad, de participación, de compromiso, y de representatividad.

El caso de Peterborough

Esta localidad inglesa, que ha sido premiada con el Smart City Award en 2015, puso en marcha su proyecto Peterborough DNA con el objetivo de avanzar hacia el concepto de Smart City, pero poniendo a las personas en el centro. La propuesta no perseguía introducir nuevas tecnologías, sino descubrir cuáles eran las demandas y las soluciones pensadas por los ciudadanos. Es así que la web de comunicación de la ciudad se transformó en una plataforma colaborativa, creando un cambio radical en el funcionamiento de la ciudad y ofreciendo un programa de actividades e iniciativas, dividido en cuatro áreas: “Smart Business”, “Innovation”, “Open Data” y “Skills” que buscó catalizar la creatividad ciudadana y desafiar la forma de gestión del gobierno.

Inteligente

“Ciudad inteligente” no será entonces un conjunto de tecnologías, será una forma en la que los distintos espacios atraigan y utilicen sus recursos, entendiendo como tales a aquéllos que son capaces de valorizar sus propios bienes creando condiciones favorables de innovación, aprendizaje colectivo y de desarrollo. Smart Cities es la habilidad de las ciudades para transformar el conocimiento, las cualificaciones y los talentos existentes de un lugar en una ventaja sostenible. Para esto las ciudades tienen que también entenderse y dialogar con su entorno, sus áreas metropolitanas y sus suelos productivos con equilibrios justos; tienen que ser capaces de dotarse de proyectos de ciudad descubriendo su singularidad y de construir sus propias ventajas competitivas en un marco global. Cualquier ciudad, al margen de su tamaño y nivel de infraestructuras, puede ser un territorio inteligente. Solo a través de la mirada múltiple y no tecnocentrista, podremos acercarnos y resolver los problemas de raíz que nos atraviesan como sociedad.

Es tiempo de compartir!

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