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Pequeñas voces, grandes palabras

Dady Brieva quien te conoce (?)

Pequeñas voces, grandes palabras

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Ph. Andrey Moisseyev

Por Lucas Alonso

La niñez es la época en que los pequeños comienzan a descubrir el mundo. Tiempo de juegos, aprendizajes y aventuras, tiempo de conocer la ciudad. Pedaleando, caminando, corriendo, patinando, como sea. Así les niñes se familiarizan con su entorno, incorporan normas y comienzan a tener una lectura de los espacios que transitan. En ese proceso de conocimiento piensan y opinan, aunque no siempre son escuchados. Por eso, en este artículo, se comparten las voces de los más chicos, aquellos que entretejen diversión con curiosidad y van aprendiendo sobre la responsabilidad de ser ciudadanos. 

Santiago tiene 11 años. Vivió los primeros 6 en Andino, un pueblo de 2500 habitantes en las cercanías de Rosario, Santa Fe. Lugar de amplios espacios verdes, con zonas de frondoso ramaje en los bordes del río Carcarañá que recorre toda la localidad por uno de sus flancos. Sus calles calmas, donde es infrecuente la alta velocidad y el tránsito persistente, son propicias para que los locales caminen por ahí como si fuese una vereda infinita y los niños la usen como espacio de juego. Ahora, Santiago vive con su mamá en Rosario y viaja al pueblo a visitar a su padre. 

— ¿Te gusta andar en bicicleta? 

— Sí, me gusta andar en bicicleta pero en Rosario no tanto porque es peligroso. Pero en el pueblo, sí. 

La conversación es un constante paralelo entre sus dos experiencias. 

— ¿Cómo es andar en bicicleta en Andino y cómo es en Rosario? 

— La verdad, es muy diferente porque por donde yo vivía era todo calle de tierra. Era bastante lindo porque podías ir por lugares que no eran peligrosos ni nada. No te iban a robar pero estaba el río Carcarañá y una vez con el Fran (su hermano, de 14) casi nos caemos. Y en Rosario es muy peligroso. Pero también hay calles de pavimento y eso me gusta. 

— ¿Por dónde andás? 

— Vivimos en frente de la plaza del pueblo y andamos, más o menos, por ahí, por todos lados. 

— ¿Qué es lo que más te gusta de andar en bici y lo que más miedo te da? 

— Lo que más me gusta es que se siente la adrenalina. Me gusta porque podés conocer lugares nuevos y todo. Y lo que más miedo me da es que me persigan los perros. Una vez me persiguió un galgo y lo tuve que asustar porque sino me agarraba. 

La experiencia con el transporte público también varía de manera significativa. Algo normalmente asociado a la incomodidad en las grandes urbes, puede tener otra concepción en poblaciones más reducidas. 

— ¿Y en colectivo andás? 

— En Rosario viajé y hay muchas cosas sucias, o sea, he ido con mi tía abuela Maru a ver teatro y era muy feo el colectivo. No me gustó. Después, en Serodino y Andino que es por donde anduve en colectivo bastantes veces, yendo a la escuela, estaba muy bueno y, además, había una caja muy gigante donde yo ponía mi mochila ahí y me sentaba hasta bajarme. 

Juan José tiene 5 años y vive con sus papás en una zona recientemente urbanizada de Rosario, frente al aeropuerto internacional de dicha ciudad. Calles de tierra, zanjas, casas con jardín y patio, ruido a naturaleza, entre otras características que se asemejan poco a los clásicos sonidos asociados a una metrópoli. Las continuas expansiones urbanas dan a luz nuevas configuraciones espaciales para las ciudades que abren un abanico de desafíos para urbanistas y políticos que deben atender requerimientos tanto de zonas semi rurales como del casco central. 

— ¿Qué lugares de la ciudad te gusta visitar? 

—Me gusta recorrer los cementerios porque me gustan las cruces y las iglesias. 

— ¿Cuando salís a pasear, cómo vas? 

— Me gusta caminar y correr. 

Para sorpresa de este entrevistador, quién le consultó si andaba en bicicleta, la respuesta fue que no. Sí tenía, pero prefería caminar. Las razones no se hicieron esperar. 

— ¿Qué te gusta hacer cuando paseas? 

— Me gusta cazar sapos. Me gustan las zanjas para ir a agarrarlos. Me gusta pasear e ir a la plaza. Y cuando vuelvo busco sapitos. 

— ¿Y al centro de la ciudad vas? 

— Me gusta el Monumento, la catedral, el Palacio de los leones, el Palacio Fuentes, la facultad, El Cairo, La Favorita. 

Mateo tiene 9 años. Vive con su mamá y  hermano en una casa sobre la avenida Provincias Unidas, de Rosario. En un barrio de la zona oeste. Dicha calle se caracteriza por un tráfico intenso de autos, colectivos (muchos interurbanos), y una orquesta de ruidos disonantes que impregnan el ambiente de cierta incomodidad que termina por hacerse costumbre. A su vez, su casa tiene locales comerciales en ambos lados y uno de ellos vende repuestos de motos, que suelen subir a la vereda para hacer ver los vehículos. En este contexto, el entrevistado intenta usar su bicicleta.

— Me gusta andar en bici. Siempre voy por la vereda y acompañado de mi mamá. Cuando salimos, nos metemos por las calles de adentro, porque no pasan tantos autos y las veredas están más lisas. Ahí puedo andar mejor y más rápido. 

— ¿Te da miedo la avenida? 

— Sí, porque pasan muchos autos y siempre chocan en la puerta de casa. (En palabras de su mamá, han visto hasta 3 accidentes en una semana en su cuadra). 

— ¿Te gustaría vivir en un lugar más tranquilo? 

— Me gusta mi casa. Pero quisiera un parque grande cerca para hacer carreras con mi hermanito. 

— ¿De grande te gustaría tener un auto?

— Sí, como el de mi mamá. Pero no me gustaría chocar. 

Por último, en la misma ciudad viven Santiago y Julia, mellizos de 4 años. En la zona norte. Una calle tranquila, en un barrio sin muchos sobresaltos les permite pasear con frecuencia.

— ¿A dónde les gusta ir? 

— (J) Me gusta ir al shopping, al parque y a la plaza.

— (S) A mí me gusta ir a la plaza Buratovich.

— ¿Andan en bici?

— (J) Sí y en patines también. Vamos por la calle con mi mamá. 

— (S) Sí, me re gusta la bici. 

— ¿Te da miedo algo cuando patinás? Acá, Santiago no respondió.

— (J) Un poco los autos, pero mamá me cuida y si me caigo tengo casco. 

Distintas miradas que deben ser tomadas en cuenta sobre cómo los más jóvenes entienden la movilidad y se insertan en un mundo que no parece diseñado para ellos. Una curiosidad de cierre: la palabra casco se oyó una sola vez en todas entrevistas recolectadas, las aquí publicadas y las descartadas. 

LA

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