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¿A qué velocidad vamos los humanos?

¿A qué velocidad vamos los humanos?

Leer este artículo te llevará aproximadamente 6 minutos

  • La velocidad en las estadísticas
  • ¿Por qué se propone 30km/h como nuevo límite?
  • El pedido de la ONU

Por Celina Ruiz

En un mundo absolutamente trastocado por la pandemia, el valor de la vida y su cuidado ocupan un lugar ineludible en ámbitos de la salud y la calidad de vida. En algo estamos de acuerdo: no podemos perder más vidas por causas evitables. La velocidad en nuestras calles debe perdonar errores humanos y no ser una sentencia de muerte para actores vulnerables.

 9,58 segundos. Eso tardó el corredor jamaiquino Usain Bolt para completar los 100 metros más veloces de la historia. Ese récord lo marcó en el Campeonato Mundial de Atletismo en Berlín, Alemania, en 2009. Para alcanzar ese tiempo, Bolt debió correr a 45 kilómetros por hora (kph). Nadie hasta ese entonces había corrido tan rápido y nadie lo ha vuelto a hacer, incluyendo al propio Bolt.

Hagamos un poco de retrospectiva. Hasta que el hombre desarrolló la rueda los humanos nos trasladábamos a pie. A partir de ese momento el mundo se transformó; ese invento se erigió como un hito en la historia técnica de la humanidad. La rueda, sin duda, aceleró la vida de los seres humanos hasta llegar a los niveles que hoy conocemos, al menos sobre la superficie terrestre. La velocidad se transformó en una práctica de culto entre nosotros, material y simbólica, los autos que son fabricados para marchar a 200 km por hora y el ritmo de vida acelerado que llevamos en la sociedad moderna son expresiones de una misma panacea, la de la inmediatez y la vertiginosidad.

El hombre ha sido capaz de alcanzar velocidades difíciles de imaginar, pero de forma artificial, gracias al uso de máquinas e implementos tecnológicos. Hoy en las ciudades, donde la mayor concentración de humanos vive, se mueve, se desarrolla, convivimos con máquinas que pueden alcanzar mucho más de 100 kms/hora. Si bien la velocidad máxima que se le ha permitido alcanzar a los automóviles en nuestro país en calles y avenidas es de 40 y 60 km/h respectivamente un ser humano camina a una velocidad promedio de tres kilómetros por hora.

¿Qué tan justa es esta distribución de las velocidades entre máquinas y personas? ¿Qué impacto tiene un atropello en el cuerpo vulnerable de un humano? ¿Estamos a salvo en esta relación de convivencia?

Con la vulnerabilidad a flor de piel

El Observatorio Vial de la Agencia Provincial de Seguridad Vial relevó un dato que da cuenta de esta disparidad: después de las colisiones (73%) los atropellos son los tipos de hechos más frecuentes ocurridos  en las zonas urbanas de la provincia de Santa Fe con un 18%.

Durante 2019 fallecieron 25 peatones y 19 ciclistas en las zonas urbanas de la provincia de Santa Fe, mientras que los datos preliminares del año 2020 indican que fallecieron 28 peatones y 17 ciclistas en la provincia de Santa Fe. Esto significa que el 17% de los fallecidos en zonas urbanas por siniestros está compuesto por los usuarios más vulnerables de la vía.

Los peatones y ciclistas (9%) lesionados y fallecidos que sufren atropellos se encuentran en tercer lugar en zonas urbanas, ocupando el primero y segundo puesto los motociclistas (42%) y automovilistas (40%) en otros tipos de hechos.

En primer lugar se encuentran los motociclistas que abarcan el 60% de los fallecidos por siniestros viales.

La velocidad sin duda tiene mucho que decir en este escenario.

Pedido mundial

La Semana Mundial de la Seguridad Vial de Naciones Unidas que se celebra del 17 al 23 de mayo hace un pedido contundente en 2021: hagamos calles para la gente, para el medioambiente y para la vida. En esta nueva década, con nuevo Plan Global, hay nuevas oportunidades para generar espacios que nos contengan, nos protejan y nos respeten. Con las actuales velocidades evidentemente esto no es posible.

La Semana es la ocasión propicia para reunir compromisos políticos a nivel nacional y local para alcanzar límites de velocidad de 30 km / h en áreas urbanas; generar apoyo local para estas medidas de baja velocidad con el fin de crear ciudades seguras, saludables, verdes y habitables; y lanzar oficialmente el Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2021-2030 y su Plan Global.

Con la premisa de que las calles de baja velocidad salvan vidas y son el corazón de cualquier comunidad, desde Naciones Unidas piden modificar los límites de velocidad de 30 km / h en aquellas zonas donde las personas y el tránsito se mezclan, con la certeza y la evidencia científica de que una velocidad más baja en estas áreas hace que las calles sean más saludables, verdes y habitables, en otras palabras, que sean calles para la vida.

¿Por qué 30?

Cuando se conduce a velocidad excesiva aumenta la probabilidad de que el conductor pierda el control del vehículo, ya que tiene menos capacidad para anticipar medidas preventivas frente a posibles peligros. También impide que otros usuarios de la vía pública puedan prever adecuadamente el comportamiento de los conductores y de los vehículos.

El límite de 30 km/h no es azaroso, sino que responde al hecho de que en un impacto a esa velocidad sobreviven nueve de cada diez peatones; a 45km/h, cinco, y a 60km/h, uno. Pasando en limpio, un cuerpo humano no puede resistir las consecuencias de un impacto a estas velocidades sin salir dañado, e incluso costándole la vida.

¿Hablamos de física? En una colisión, la fuerza a la que se ve sometido el tejido humano en el impacto es el producto de la masa y la velocidad. Así, la energía cinética que se debe absorber es igual a la mitad de la masa multiplicada por el cuadrado de la velocidad, lo que demuestra que a mayor velocidad,  el efecto de la misma se ve extremadamente intensificado.

Como pasajeros de un vehículo de cuatro ruedas no nos va mejor: es físicamente imposible para cualquier ocupante del auto implicado sostener de modo seguro un cuerpo u objeto que no se encuentre asegurado por algún medio en caso de impacto. Por ejemplo, un niño sin cinturón: en una colisión a tan solo 50 Km./h, el peso del niño aumentará 20 veces. Por eso son tan importantes los sistemas de sujeción como el cinturón de seguridad y las sillas para niños y niñas.

En un mundo absolutamente trastocado por la pandemia, el valor de la vida y su cuidado están ocupando un lugar ineludible en la salud y la calidad de vida. En algo estamos de acuerdo: no podemos perder más vidas por causas evitables. La velocidad en las calles debe perdonar nuestros errores y no ser una sentencia de muerte para actores vulnerables.

Quizás esta 6ta edición de la Semana Mundial de la Seguridad Vial sea el punto de inflexión para que todos y todas nos comprometamos con avanzar en este necesario camino.

Es tiempo de compartir!

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