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5 de octubre: Día del camino y la educación vial

5 de octubre: Día del camino y la educación vial

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Esta fecha fue elegida en conmemoración al primer congreso panamericano de carreteras, ocurrido en Buenos Aires, en 1930. Y su objetivo es abrir una instancia reflexiva en torno a la seguridad vial y la importancia que la educación vial tiene como factor para reducir los siniestros en los caminos de todo el país.  

Desde la Agencia Provincial de Seguridad Vial (APSV) de Santa Fe nos compartieron este artículo sobre lo importante que es la educación en la manera en la que circulamos por las calles y las rutas. El texto estuvo a cargo de Laura Lobo, quien participó del episodio 6 de la segunda temporada de Circulantes. ella es coordinadora de Formación y Divulgación en la APSV. Es cientista de la educación y responsable de las principales políticas educativas en torno a la seguridad vial de su provincia. 

APRENDER EL JUEGO DE LA CALLE

Por Laura Lobo APSV

En nuestro país existen fechas claves para pensar diversas problemáticas de la seguridad vial. Es una forma de darle lugar, en nuestro tiempo, a la reflexión de las cosas que nos pasan. Particularmente, en materia de tránsito y movilidad tenemos que dedicar días para recordar a las personas que ya no están con nosotros. Tenemos que pedir justicia por hechos que nos arrebatan lo más preciado. Y  tenemos que visibilizar las formas naturales de usar el espacio juntos como “el día del peatón”, entre otros.

Cuando pensamos en el “Día de la Educación Vial”, seguramente, en la mayoría de los argentinos se proyectan imágenes de señales de tránsito, en aulas grandes con un docente frente a la clase llena de niñes sentades uno detrás del otro. La escena típica de la educación vial tradicional y de la escuela en general.

Es imprescindible en los tiempos que estamos viviendo sostener las reflexiones necesarias sobre los problemas que tenemos como comunidad, como humanidad misma, con la capacidad de comprender que estos son problemas educativos y que para resolverlos tendremos que construir nuevos aprendizajes. 

El primer paso, de muchos que tendremos que caminar juntos, experimentando otras formas de compartir el espacio en común, es pensar qué es la educación en general.

La educación es la institución que la humanidad ha inventado para crear a los nuevos integrantes de su comunidad. Es la definición de cómo les enseñamos a ser ciudadanos de nuestra sociedad, de qué es importante saber dentro de la misma, de para qué sostenemos esta comunidad y la vida juntos. Por lo tanto, todos los problemas, directa o indirectamente, son problemas educativos. La educación es mucho más que la escuela, aunque ésta es la organización por excelencia para construir los acuerdos que necesitamos para vivir en sociedad.

Si volvemos a la escena inicial de la educación vial entendemos dónde radican los principales problemas: los ciudadanos de nuestra comunidad aprenden de una manera completamente pasiva las reglas y normas impuestas por un docente que es la autoridad y responsable de todas las acciones de ese espacio. El conocimiento a aprender se recorta al de un conductor de autos y la metodología es por repetición, sin vincular ese saber en forma significativa con la vida del niñe y la sociedad que compone. No hay vinculación alguna entre el nuevo saber que se pretende transmitir y los problemas de la vida cotidiana. Las normas son un contenido más para memorizar y repetir, siempre evaluados por otro externo que establece el bien y el mal en función de sus propias expectativas.

La sociedad, en general, piensa que con más educación vial tradicional se resolvería el problema. Piensa que necesitamos materias de educación vial para sostener más espacio de reproducción pasiva de un tratamiento de norma, externo, autoritario y vacío de sentido. Exactamente lo mismo que nos pasa en la calle.

Frente a ésta educación, ¿qué pasa con ese niñe cuando, finalmente, tiene autonomía de tomar decisiones en el espacio? ¿Cuál es su recorte de la realidad? Pasa lo que pasa, pasa lo que vemos y negamos. Las normas impuestas por otro autoritario que me niega como sujeto, no sólo no tienen valor en el hacer, sino que transgredirlas se presenta como una forma de liberación, como un rito de autonomía mayor, como una práctica de la adultez pudiendo transgredir igual que los adultos que me rodean y siguiendo sus incontables ejemplos de anomia.

Cuando esto empieza a pasar, la verdadera educación vial tiene varias lecciones preparadas. Muy sentidas y significativas que le van a brindar todos los recursos necesarios para transitar: la educación popular. Henry Giroux comprendió que la fuerza de la educación popular que se da en los espacios compartidos de manera informal, que tiene como formadores a las prácticas, los pares y los medios de comunicación por excelencia. Es la educación dónde más aprendemos a ser ciudadanes, a compartir con otres y a tomar decisiones.

Esas prácticas de aprendizaje en nuestra sociedad son dramáticas, carecen de reflexiones básicas como el efecto de las leyes de la física, el cuidado personal y de otres, de ejemplos de adultes que se limiten y limiten a otres por su seguridad, de prácticas recreativas temerarias y violentas, de casi ninguna reflexión sobre la importancia de la vida y las responsabilidades personales sobre la sociedad que deseamos construir. 

La mayoría de esas lecciones son de odio, competencia, transgresión, exceso y negación. Les adultes damos clases magistrales sobre cómo evitar hacernos responsables de nuestras responsabilidades. El exterminio ambiental que sostenemos silenciosamente es un claro ejemplo de eso, sin estar dispuestos a ceder nada de nuestro confort para poner en valor el patrimonio mismo e imprescindible de la humanidad que es el ambiente en qué vivimos. Incluso como padres no limitando y pautando reglas que permitan un desarrollo sano de ese nuevo ciudadano que regalamos a la comunidad de la que formamos parte, ni asumiendo nuestra responsabilidad frente a los vínculos, el consumo, los sentidos de la vida y la recreación.

Entonces la educación vial como la conocemos hoy no hace más que reproducir una y otra vez las prácticas asesinas que nos matan día a día, inhumanas, salvajes, inmaduras y egoístas.

Lo importante de haber llegado hasta acá en la reflexión es entender el poder de la educación y marcar el camino de la transformación. 

Paulo Freyre es el gran exponente pedagógico de la educación para la transformación. Su obra es un tesoro para la humanidad y un ejemplo de experiencias pedagógicas concretas de que aprendiendo nuevas formas de ser y hacer transformamos nuestra sociedad.

La posibilidad de vivir una experiencia como dispositivo pedagógico es la clave de aprendizajes significativos; de poner en protagonismo al sujete que aprende; de dar un real sentido a lo que aprendo. Es la forma de entrar en la realidad de los cuerpos, lenguajes y emociones de manera tan comprometida que se haga diferente y desde ahí se transforme.

En la escuela, en las familias, en la calle, los medios de comunicación, los espacios de recreación, las consultas médicas, las canchas de fútbol… Todos estos dispositivos son pedagógicos, aprendemos reglas, valores, definiciones sobre nosotros mismos y los otros cada vez que experimentamos en ellos. Lamentablemente, por algún motivo se han vaciado del sentido de lo importante para nosotres, de lo que realmente nos pasa. No han podido acompañar nuestras vidas para hacernos parte, plenos, cuidados y potenciados en el transitar por cada uno de ellos.

La escuela como institución nos enseña, cada día, todo lo que necesitamos para tener una sociedad mejor, para vivir felices y en paz, disfrutando de tenernos unos a otros, de cuidarnos y de producir juntos. Lo tradicional, normalizado, etiquetado, desconectado, hace que eso que se presenta ante nuestros ojos se vuelva invisible, aprendemos para conformar a otros y no para aprender.

Cada espacio de conocimiento escolar es una invitación a distinguir esos saberes en nuestras vidas. Pero elegimos explicar, memorizar, repetir y puntuar, como si fuera posible poner un puntaje a los aprendizajes. La pasión por entender cómo funcionan las leyes de la física, cómo el cuidado del cuerpo se pone a jugar en el uso de los dispositivos de seguridad, las instituciones sociales que nos ordenan y nos constituyen, las normas como reglas del juego, las lenguas para sostener las conversaciones que necesitamos en los formatos que necesitamos, las artes para transformar. Todos contenidos que cotidianamente están en el aula, pero solo sirven para clasificar a les niñes, discriminarles y violentarles, los enseñamos como rebuscados y complejos saberes que no cualquiera puede aprender. 

La escuela tiene que ser un lugar para aprender, una oferta constante de experiencias, desde el pleno amor y respeto a cada uno de sus integrantes. Sin grados ni etiquetas, sin que pueda existir un humano mejor que otro.

Es menester aprender a jugar el juego de la calle. El juego es la metodología que instintivamente tenemos para aprender, los aprendizajes significativos son jugando, en el juego las reglas emanan del mismo juego, los participantes sí o sí son protagonistas y la interacción es en forma horizontal, como requisito primordial del juego. 

A las prácticas sociales de la calle las aprendemos jugando: jugando a pasar primero, jugando a que si no me ve la autoridad puedo hacer lo que quiero, jugando a correr, a ir en la moto en una sola rueda, a viajar sin cinturón, etc, etc. Desde todos los actores y roles posibles de ésta sociedad hay que intervenir esos juegos. Hay que jugar a aprender, a cuidarnos, a cuidar, a ser padres que distinguen el problema y toman decisiones para prevenirlo, a dejar de evitar pensando que no nos va a pasar.

La invitación es a jugar a que nosotres y les otres que amamos, amigues, hijes, padres, hermanes son lo más preciado, fundamental y troncal de nuestra vidas, juguemos a que no soportaríamos perderles y aprendamos todo lo necesario para cuidarles. 

Incorporemos acciones de cuidado, usemos siempre el cinturón de seguridad, respetemos los límites de velocidad. Esa simple acción de transgresión es la primera causa de accidentes, simplemente no lo hagamos más, no dejemos que otres lo hagan con nosotres, digamos que no. Hagamos diferente. 

Para los que somos adultes hoy, la comunidad está esperando nuestro compromiso.

 

LL

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