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Historias en bici: Pedaleo contra el horror

 

Otra vuelta

Pedaleo contra el horror

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El FMB10 viene a ocupar un lugar que el mundo de la bicicleta se debía: el de ser pensada, en particular y en su contexto. Pero desde estas líneas queremos subrayar aquellos dos aspectos que la hacen diferente al resto de las movilidades: la pasión que despierta y las historias en las que vive. Esta columna repasará una selección de anécdotas universales las cuales no hubiesen podido ser sin una bicicleta. Todo lo que a continuación encontrarán puede encontrarse en una simple búsqueda en google y es factible que entre en conflicto con la verdad, concepto el cual el autor considera en crisis.

Por Sebastián Garavelli

Gino Bartali fue, quizás, el más grande ciclista deportivo de la historia. Sus buenas campañas fueron coronadas por títulos y condimentadas con épica. Si de competir en bici se trata, hay una verdad construida que pone al Tour de France como la prueba máxima del deporte. Y es muy probable que esto sea así por las performances de Gino. Le Tour no sería lo que es sin él. También fue héroe de un pueblo angustiado -Italia de entreguerras-, que suspendía sus sufrimientos y los cambiaba por optimismo cuando Bartali se subía a la bici. Mussolini intentó utilizarlo como símbolo, pero pudo esquivar el compromiso. Aunque por lo que todavía hoy se lo recuerda no es por eso, si no por las vidas que salvó.  

Apareció en los años 30 y perduró durante los 40. Sus triunfos no fueron muchos debido a las interrupciones por la inestabilidad institucional de Europa previa a la Segunda Guerra Mundial, y por la guerra misma. Joven campeón, vio como los presuntamente mejores años físicos pasaban sin competencia. Aun así, cuando volvió con algunos años por arriba de lo considerado ideal (los medios lo ilustraban como un hombre en retirada), Bartali continuó consiguiendo triunfos y trofeos. Ese triunfo sobre la lógica lo puso en el olimpo del deporte. Recién 6 décadas después se pudo entender por qué lo había logrado: Mientras no competía, combatía el nazismo.

Esa Segunda Guerra en la que los nazis asesinaron a más de 6 millones de judíos, el ciclismo dejó de competir. Pero no por eso Gino Bartali se bajó de su bicicleta. Diariamente se subía y pedaleaba. Unía pueblos y regiones. Bien podían dejarlo sin competir, pero nadie iba a dejarlo sin pedalear. Los italianos lo veían ir y venir. No importaba si llovía o si el calor azotaba la piel. Los guardias fascistas solían frenar al ciclista, pero inmediatamente dejaban seguir. “Es Gino, dejalo”, debían comentarse entre ellos. Nadie había dado tanta alegría a Italia en muchísimo tiempo, y ese era su salvoconducto para ir y venir. Y también para llevar y traer.

En 2003, luego de una investigación que llevó una buena cantidad de años, la historia cambió para siempre. El diario que narró sus épicas, Il Corriere della Sera, publicó como aquellos viajes -que aparentaban no tener objetivo alguno más que mantenerse activo- fueron utilizados para ayudar a judíos perseguidos por el régimen. Una organización que incluía a la iglesia católica -de la cual Gino era devoto- le ofreció utilizar la libertad que la bici le otorgaba para transportar documentación falsa que ayudase a los judíos en situación de peligro a escapar. Se estima que fueron más de 800 los que pudieron evitar el terror gracias a Gino.

La nieta de Gino, cuando se enteró, explicó que alguna vez, en un encuentro familiar, ella le consultó por qué se hablaba tanto de é y que, sonriente, le dijo “y cuando muera se hablará mucho más de mí”.  Bartali murió en el 2000, tres años antes de la investigación, sin decir una palabra. 

SG

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