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2022: Año Internacional de las Ciencias Básicas para el Desarrollo Sostenible

Movilidad sostenible

2022: Año Internacional de las Ciencias Básicas para el Desarrollo Sostenible

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Por Lucas Alonso

Hace 3 años la UNESCO aprobó el proyecto que declaró al 2022 como Año Internacional de las Ciencias Básicas Para el Desarrollo Sostenible. Teniendo en cuenta que estamos entre fiestas uno se preguntará “¿Y eso? ¿Con qué se come?”. Lo cierto es que nada tiene que ver esto con la garrapiñada o la torre de panqueques. Su existencia se justifica por su objetivo de poner en evidencia el papel de las disciplinas enfocadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por la Organización de las Naciones Unidas. 

En palabras del físico Michel Spiro, presidente de este proyecto, las ciencias básicas “son un modelo perfecto para un desarrollo que sea sostenible: a través de su curiosidad científica, cada generación aumenta el acervo de conocimientos construido por sus predecesores, aportando más recursos para que las generaciones futuras busquen soluciones a los problemas a los que se enfrentarán. Esto es lo contrario de lo que estamos haciendo hoy con los recursos naturales del planeta”. 

Spiro también compartió el “Informe de UNESCO sobre la ciencia, hacia 2030”, documento en el cual se amplía la definición: “La ciencia básica implica pensar fuera de la caja; conduce a nuevos conocimientos y ofrece nuevos enfoques que, a su vez, pueden conducir a aplicaciones prácticas. Esto requiere paciencia y tiempo y, por tanto, constituye una inversión a largo plazo, pero la investigación básica es el requisito previo para cualquier avance científico. […] La ciencia básica y la ciencia aplicada se complementan, pues, para aportar soluciones innovadoras a los retos a los que se enfrenta la humanidad en el camino hacia el desarrollo sostenible.” 

Pero como para ser 30 de diciembre ya estamos hasta el tope de teorías y definiciones, repasemos unos ejemplo prácticos de la aplicación de este nuevo paradigma: 

Química verde: consiste en idear y aplicar productos químicos usando la menor cantidad posible de sustancias peligrosas en todo el proceso (diseño, fabricación y utilización). Hay que diferenciarla de la química ambiental que estudia el comportamiento de los compuestos químicos en el medio ambiente. Actualmente, en Rosario, Argentina, se encuentra el Grupo de Investigación en Química Verde, dependiente de la Universidad Nacional de Rosario y el CONICET. Dicha institución, pionera en América Latina, pone a disposición de la comunidad especializada y la general los avances en su área de estudio, que se encuentra en etapa primigenia de desarrollo. 

Física: orientada al estudio y aplicación de energías renovables (solar, geotérmica, eólica, fotovoltaica, hidráulica). Potenciando la eficiencia de los procesos y el ahorro energético. Y también, enfocada a la gestión sostenible del agua y demás recursos esenciales, entre otras diversas posibilidades de acción. 

Biología: poniendo el eje en los aspectos de la naturaleza humana y del medio ambiente que se encuentran en riesgo debido al avance de la ciencia de años precedentes que iba en desmedro de la sostenibilidad y del cuidado del hábitat de las personas y seres vivos en general. Un ejemplo de uso sostenible del ambiente con base en estudios biológicos es la rotación de cultivos, selección de fechas para realizarlos y cuidado de los recursos, con el fin de poder responder a la necesidad básica de alimentos o materias primas y, a su vez, resguardar el recurso para continuar con su aprovechamiento responsable. 

Ciencias Básicas aplicadas a la movilidad sostenible

Si andar por este vecindario de la web ya lo sabrás: los medios de transporte mutan y se adaptan a los nuevos requerimientos de los usuarios. Estos cambios van de la mano con el desarrollo tecnológico, el cual está íntimamente relacionado con las ciencias básicas anteriormente nombradas. En el contexto actual —en proceso de adaptación a una pandemia que aún no termina de mitigarse— ante la comprensión de que el sistema autocéntrico estaba llevando al colapso urbano, las investigaciones se abocaron a la búsqueda de alternativas. Entre ellas la movilidad eléctrica, la micromovilidad, la promoción de la bicicleta y el carpooling, entre otros. Todas estas propuestas, acompañadas en su diseño y producción con nuevas técnicas y materiales amigables con el medio ambiente. Aquí podrían nombrarse los combustibles renovables para los vehículos (que reducen la emisión de gases) y la implementación de puestos de carga para los eléctricos. 

Por eso, desde UNESCO, defienden la designación de este año para que, desde la base de la ciencia, se promueva el diálogo interdisciplinario, en pos de lograr resultados más rápidos. En palabras de Spiro: “Con el tiempo, los científicos han aprendido que ningún esfuerzo ambicioso puede alcanzar sus resultados sin la participación de todas las partes interesadas. Desde el principio del proceso, deben participar otros científicos, responsables políticos, comunidades financieras y económicas, grupos y asociaciones, y ciudadanos individuales. Cuanto más utilicen las ciencias todas estas partes interesadas, más contribuirán a su enriquecimiento y a la reducción de las desigualdades en el mundo”. 

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